En un mundo donde las modas cambian a toda velocidad, Fernet Branca se mantiene firme como un clásico. La bebida nacida en Italia celebra 180 años de historia, sostenida en una fórmula misteriosa que sobrevivió a guerras, crisis y pandemias, hasta transformarse en un ícono cultural con raíces profundas en la Argentina.

Desde sus inicios, fue un negocio familiar y pionero en su época: María Branca, esposa de Stefano, hijo del fundador Bernardino, asumió la dirección de la compañía cuando aún era impensado que una mujer liderara. Hoy, la quinta generación, encabezada por Niccolò Branca, defiende el método artesanal de producción y la esencia inalterable de la marca.
Ni siquiera la Segunda Guerra Mundial pudo frenar su expansión. En 1941, los bombardeos destruyeron la planta de Milán, pero la compañía resurgió y ese mismo año desembarcó en Buenos Aires, donde encontró su segunda casa. Allí nació el ritual del Fernet con cola, que dejó de ser una simple mezcla para convertirse en un símbolo de pertenencia y en un punto de encuentro social en reuniones, festivales y celebraciones.

Hoy, millones de argentinos lo incorporaron como parte de su identidad cultural, una costumbre que trasciende generaciones y se transmite en cada vaso. Con el lema de celebrar con “las hierbas bien puestas”, la marca reafirma que su fortaleza está en no alterar lo esencial: un legado que combina tradición, autenticidad y resiliencia.
A 180 años de su nacimiento, el Fernet Branca no es solo una bebida: es una historia viva de coraje y superación, que sigue escribiéndose con un inconfundible sabor
