En una jornada de alcance nacional, investigadores, becarios, docentes y estudiantes de múltiples instituciones científicas y universidades públicas salieron a las calles este miércoles para advertir sobre la crisis sin precedentes que atraviesa el sistema científico, tecnológico y universitario argentino.
En la Ciudad de Buenos Aires, la concentración principal tuvo lugar en el Polo Científico Tecnológico, sede administrativa del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Pero el reclamo también se replicó en ciudades clave como Bariloche, Tucumán, Córdoba capital, General Roca, Rosario, Comodoro Rivadavia, Santiago del Estero y Ushuaia, mostrando la extensión federal de la protesta.
Bajo el lema “Una nieve tóxica está destruyendo la ciencia argentina”, la Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología (RAICYT) impulsó una acción simbólica: muchos manifestantes se vistieron de Eternautas, en alusión a la histórica historieta argentina, para visibilizar el desfinanciamiento y sus implicancias para el futuro del país.

“Estamos presentes para defender el sistema científico y tecnológico nacional, amenazado hoy como nunca desde la recuperación de la democracia. Nos encontramos en un punto de no retorno”, expresaron los organizadores en un discurso colectivo leído durante el acto frente al CONICET, según consignó la Agencia CyTA-Leloir.
Entre los reclamos concretos, se destacó la paralización de las designaciones de quienes ya habían sido seleccionados para ingresar a la Carrera del Investigador Científico del CONICET, proceso que se encuentra congelado desde diciembre de 2023. También se denunció la desaparición de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, descripta como “el corazón del financiamiento de las investigaciones” en el país.
A ello se suma el deterioro salarial que afecta a todos los trabajadores del sistema científico/tecnológico, y el agravamiento de un fenómeno que se percibe como una verdadera sangría: “nunca hemos protagonizado un éxodo tan masivo y doloroso de científicos como el que estamos presenciando en estos meses. Sin trabajadores no hay ciencia”, advirtieron en el documento final.
La movilización evidenció que, para buena parte de la comunidad científica, la situación actual no solo compromete el presente del sector, sino que también pone en riesgo su sostenibilidad a largo plazo.

