Un barrio de Las Heras fue escenario de un hecho que dejó perplejos a vecinos y familiares: Tomás Alexander Cano, de apenas 21 años, murió tras recibir un disparo en el cuello. Por el crimen, fue imputado su mejor amigo, Lucas Jesús Mamaní, de 22 años, quien quedó acusado de homicidio agravado por el uso de arma de fuego.
Lejos de tratarse de un conflicto común, los investigadores apuntan a un posible entramado de venta de drogas como el origen de la pelea. Según trascendió, una discusión por un vuelto habría escalado rápidamente hasta volverse mortal. Las autoridades no descartan un disparo accidental, pero tampoco descartan una intención deliberada de matar.
El episodio ocurrió en una vivienda de la calle Matienzo al 2.400, durante la madrugada del último jueves. Un llamado al 911 alertó que un joven había resultado herido, pero cuando la Policía arribó, el lugar estaba desierto. Vecinos informaron que el herido había sido trasladado de urgencia al hospital Carrillo, donde ingresó sin signos vitales.
Los médicos constataron la muerte de Cano por una herida de arma de fuego en el cuello. Luego, durante la revisión del cuerpo, surgieron golpes que podrían evidenciar una pelea previa.
La fiscal de Homicidios, Claudia Ríos, trabaja en el análisis de las pericias balísticas y del material secuestrado en el lugar del hecho. En paralelo, el imputado Lucas Mamaní fue trasladado a la penitenciaría provincial, mientras su defensa sostiene que el disparo fue un accidente.
En medio del dolor, la historia detrás del crimen apunta a un desenlace que va más allá de lo emocional: una supuesta disputa relacionada con el narcomenudeo.
El vínculo entre ambos jóvenes se remonta a varios años. Eran amigos cercanos, compartían salidas y rutinas. El barrio, mientras tanto, no sale del estupor.


