La provincia de Corrientes atraviesa uno de los peores momentos en cuanto a incendios forestales, situación que se ha visto agravada por una temporada de sequías y una intensa ola de calor. Desde enero, alrededor de 100.000 hectáreas ya han sido consumidas por el fuego, según informó el gobierno provincial. La magnitud de la tragedia no solo afecta a los campos y bosques, sino que también ha dejado víctimas fatales. En la localidad de Mariano I. Loza, en el departamento de Mercedes, Cindia Alejandra Mendoza, directora de una escuela rural, perdió la vida mientras intentaba contener el avance de las llamas cerca de la estancia donde se encontraba su padre. La joven, de 30 años, fue atrapada por un remolino de fuego que le quemó el 80% del cuerpo. Tras ser trasladada al Hospital Las Mercedes, sufrió cinco paros cardíacos antes de fallecer. Este trágico evento ha conmocionado a la comunidad y subraya el peligro mortal que suponen estos incendios.

Además de la lamentable pérdida, más de 50 personas debieron recibir asistencia médica debido a quemaduras, picaduras de insectos, irritaciones en los ojos, nariz y boca, cefaleas y dificultades respiratorias. Estos casos se registraron luego de que los combatientes se expondrán al fuego y las altas temperaturas cercanas a las zonas afectadas. También, como medida preventiva, se evacuaron 30 casas en la localidad de Curuzú Cuatiá, ante la inminente amenaza de las llamas.
En cuanto a las pérdidas materiales, más de 250.000 hectáreas ya han sido arrasadas por el fuego, que sigue su curso en varios puntos de la provincia. Los productores, bomberos y voluntarios siguen luchando con lo poco que tienen, utilizando tanques agrícolas improvisados, tractores y la ayuda de dueños de campos que se suman a la tarea de contener el avance de las llamas. El trabajo conjunto y la solidaridad son esenciales en un contexto donde la sequía y el calor extremo son aliados del fuego.
Uno de los focos más peligrosos continúa en el departamento de Mercedes, en las cercanías de Solari y la ruta 123, donde los vientos del norte favorecen la propagación rápida del fuego. En esta región, el fuego sigue avanzando a una velocidad alarmante, aumentando la extensión de la devastación. Carlos Roldán, productor de la zona, en diálogo con La Nación, asegura que la situación es cada vez más insostenible. En tan solo siete días, más de 116.000 hectáreas fueron consumidas por el fuego, y los productores, como Roldán, han perdido hasta el 20% de su tierra.
Sin embargo, más allá de las condiciones climáticas, Roldán subraya que los focos de incendio presentan un patrón extraño. “No es normal que haya tantos incendios en esta región. Las condiciones de sequía se viven en otras provincias, como Santa Fe y Entre Ríos, y en Uruguay, pero no hay incendios de esta magnitud. Es muy raro que los focos se inicien a lo largo de rutas y caminos”, explicó.
En la misma línea, Martín Rapetti, productor y coordinador de la Comisión de Carnes de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), también denuncia la posible intencionalidad detrás de los incendios. Según Rapetti, es frecuente que los fuegos se inicien a la siesta, en lugares cercanos a caminos vecinales y rutas, y algunos incluso empiezan en contra del viento, lo que aumenta la sospecha de un accionar deliberado.
El gobierno provincial y nacional han sido criticados por no actuar con suficiente rapidez y eficiencia ante la emergencia. “El gobierno no ha hecho mucho por evitar esta situación. Sabemos que hay vehículos y motos que rondan por los campos en horarios en los que nadie está trabajando, y eso genera una gran desconfianza entre los productores”, afirmó Rapetti a Diario La Nación.
La solidaridad en el campo es un hecho: productores que no tienen el fuego cerca se acercan a ayudar con lo que pueden. Pero todos coinciden en que sin lluvia, será imposible detener el avance del fuego.



