La industria textil argentina atraviesa uno de sus peores momentos históricos, con caída sostenida de la producción, pérdida de puestos de trabajo y baja utilización de la capacidad instalada. Mientras tanto, desde el Gobierno se promociona la compra de ropa importada, generando fuertes críticas del sector local.
El sector señala que los comentarios sobre la conveniencia de comprar productos del exterior no solo son ofensivos, sino que simplifican la compleja situación que atraviesa la industria. La producción local enfrenta costos altos de energía, carga tributaria elevada, deficiencias logísticas y dificultades para acceder a financiamiento, mientras las importaciones crecen sin restricciones.
Desde la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) advierten que los precios de la indumentaria no se determinan únicamente por el costo de producción, sino por la interacción de toda la cadena productiva y el contexto macroeconómico. Las rebajas impositivas recientes y la simplificación de trámites han beneficiado principalmente a los productos importados, mientras que la producción nacional sigue bajo presión.

El malestar del sector se refleja también en cifras de caída histórica. Según la consultora Analytica, la producción textil y de confecciones acumuló descensos en 10 de los 11 meses de 2025. Comparado con diciembre de 2024, la producción de confecciones y calzado cayó 18,5%, mientras que los productos textiles retrocedieron 31,2%. Frente a noviembre de 2023, la caída alcanza 47,6% en textiles y 19,3% en confecciones y calzado. Subsectores como el curtido y la fabricación de artículos de cuero registraron caídas del 44,1%, y tejidos y acabados de productos textiles bajaron 34,7%.
El uso de la capacidad instalada también evidencia la gravedad: en noviembre de 2025, la producción textil operaba al 29%, el valor más bajo de la serie histórica.
El crecimiento de las importaciones ha sido clave en esta crisis. En 2025, las compras externas de indumentaria aumentaron 97,3%, equivalentes a US$336 millones adicionales, mientras que otros textiles subieron 121,2% y calzado 25,2%. Las compras a través de plataformas de courier como Shein y Temu crecieron 274,2%, impulsando el nivel de importaciones de indumentaria a US$681 millones, un récord histórico.
El desplazamiento de la producción nacional se refleja también en los precios, que se encuentran en su mínimo relativo desde 2016. Desde noviembre de 2023, la indumentaria y el calzado se abarataron 30,6% respecto del promedio general de precios, favoreciendo a los consumidores: un jean de primera marca cuesta 39% menos en dólares oficiales que hace dos años, y el salario promedio permite comprar más prendas.
La contracara de esta mejora para los consumidores es la pérdida de empleo. Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 se destruyeron 18.333 puestos de trabajo registrados, un retroceso del 15,1% en el sector de textiles, confecciones, cuero y calzado, mientras que la informalidad, especialmente en confecciones, alcanza el 72%.
En este contexto, los industriales reclaman medidas de apoyo y políticas que permitan competir en igualdad de condiciones con los productos importados, advirtiendo que la supervivencia del sector depende de reglas claras y sostenibilidad económica a largo plazo.
