La frontera entre Israel y el Líbano volvió a convertirse en un foco de alta tensión luego de que el Ejército israelí iniciara una ofensiva militar contra Hezbollah. La decisión se adoptó tras un ataque con misiles de precisión y drones que alcanzó la ciudad de Haifa y otras áreas del norte del Estado judío.
Las Fuerzas de Defensa de Israel informaron que ejecutaron bombardeos de gran magnitud sobre posiciones del grupo en los suburbios del sur de Beirut y en distintas localidades del sur del Líbano. El jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, señaló que se trata de una “campaña ofensiva” que podría prolongarse varios días y que combinará acciones defensivas con ofensivas continuas.
Durante la madrugada, Israel empleó por primera vez el sistema láser Iron Beam para interceptar proyectiles disparados desde la frontera norte. Según el parte militar, uno de los cohetes fue derribado por las defensas aéreas y al menos otros dos impactaron en zonas despobladas.
En ese contexto, la portavoz militar Ella Waweya comunicó la evacuación preventiva de 53 pueblos y ciudades del sur del Líbano, con la recomendación de mantener una distancia mínima de 1.000 metros respecto de instalaciones vinculadas a Hezbollah.

La escalada provocó una nueva ola de desplazamientos en el sur libanés y en los suburbios capitalinos. Autoridades locales compararon la situación con el inicio del conflicto abierto de septiembre de 2024, cuando aproximadamente 1,2 millones de personas abandonaron sus viviendas.
Hezbollah asumió la autoría del ataque contra el norte de Israel y lo calificó como represalia por la muerte de Ali Khamenei. Por su parte, el presidente libanés Joseph Aoun sostuvo que el lanzamiento de misiles desde territorio nacional perjudica los intentos oficiales de mantener al país al margen de una confrontación regional.

El intercambio de ataques profundiza el riesgo de una confrontación más amplia en Medio Oriente, en un escenario ya marcado por tensiones crecientes tras bombardeos de Estados Unidos e Irán.

