GENERACIÓN Z Y EMPLEO

Jóvenes, trabajo e inteligencia artificial: qué revela un nuevo estudio sobre sus expectativas laborales

Un relevamiento nacional expone cómo perciben los jóvenes el mercado laboral, cuáles son sus prioridades y qué rol ocupa la inteligencia artificial en su futuro profesional.

Un nuevo estudio elaborado por Reyes Filadoro y Enter Comunicación, basado en las respuestas de 700 jóvenes de entre 18 y 35 años, permite dimensionar cómo observa la Generación Z su inserción en el mercado laboral en un contexto marcado por la inminente discusión de la reforma laboral que el Gobierno enviará al Congreso. La investigación muestra altos niveles de confianza, fuertes diferencias de género y una valoración creciente de la IA como herramienta cotidiana.

 

Confianza sin garantías

El relevamiento indica que el 76% de los jóvenes considera que podrá acceder al trabajo que desea, aun en un escenario de incertidumbre económica y exigencias laborales elevadas. Sin embargo, esta percepción convive con una estructura fragmentada: el 37% trabaja de forma independiente, el 16% en empleos formales del sector privado y el 12% en puestos no registrados.

La brecha de género atraviesa la experiencia laboral: el 33% de las mujeres no trabaja, frente al 14% de los hombres. Asimismo, el 63% de ellos expresa satisfacción laboral, mientras que entre ellas la cifra desciende al 48%.

El trabajo ideal: flexibilidad y equilibrio

Las preferencias de la Generación Z se alejan del esquema tradicional. Según el informe:

El 30% aspira a un empleo formal o “en blanco”.

Otro 30% desea ser autónomo o emprendedor.

El 26% valora la estabilidad y los horarios fijos.

El 19% prefiere la modalidad remota, mientras que el 17% opta por esquemas híbridos.

El equilibrio entre la vida personal y la profesional es un eje central: el 77% considera que la jornada laboral ideal debe ser de entre 6 y 8 horas.

Educación y género: caminos divergentes

La educación aparece como un factor clave, aunque con diferencias marcadas. Para el 41% de las mujeres, es el elemento más importante para progresar, mientras que solo el 28% de los hombres coincide. En contraste, el 25% de ellos elige el emprendimiento como vía principal, frente al 8% de ellas.

Pese a ello, el vínculo con la educación formal es ambiguo: aunque el 72% siente haber sido preparado para el mundo laboral, la mitad de quienes están buscando empleo cree que no recibió una preparación adecuada.

 

Inteligencia artificial: herramienta, no amenaza

La relación de los jóvenes con la inteligencia artificial sobresale como uno de los datos más relevantes. El 60% utiliza IA a diario, cifra que asciende al 69% entre quienes tienen entre 18 y 24 años. Las principales aplicaciones están vinculadas a la búsqueda de información (68%), la generación de ideas (36%) y la creación de contenido visual (28%).

Lejos de visualizarla como un riesgo, el 40% tiene una opinión favorable sobre su incorporación al entorno laboral. No obstante, persisten diferencias: el 33% de las mujeres teme ser reemplazada por IA, frente al 18% de los hombres. El nivel educativo también influye: el 57% de quienes cuentan con menor formación expresa preocupación, contra el 19% con estudios universitarios.

 

Estrategias de supervivencia en la economía digital

La escasez de oportunidades formales impulsa la diversificación de ingresos: el 53% utilizó alguna plataforma digital para generar dinero. Entre ellos:

El 26% recurrió a Mercado Libre o Facebook Marketplace.

El 23% monetizó contenido en redes sociales.

El 12% trabajó con apps de delivery.

El estudio también registra la expansión de las criptomonedas y las apuestas online como nuevas vías de ingreso: el 34% de los hombres invierte en activos digitales, frente al 18% de las mujeres.

Adaptación sin transformación

Según el informe, la Generación Z desarrolla múltiples estrategias para sostenerse en un mercado desafiante: se capacita, emprende, utiliza tecnologías digitales y multiplica sus formas de inserción. Esta adaptación, apuntan los autores, define una generación que mantiene la expectativa de progresar, pero sin una transformación colectiva del sistema laboral.