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DOLOR EN EL POLO JUDICIAL

Juicio por la tragedia en el Parque: el mensaje de una tía del joven que quebró a la audiencia

En un juicio abreviado, la Justicia condenó a Amalia Molina, de 82 años, a cuatro años y seis meses de prisión por el homicidio culposo de Fausto Morcos, el adolescente de 13 años que murió tras ser atropellado cuando cruzaba con semáforo en verde. La causa incluyó además lesiones culposas a otro menor.

polo judicial

El juicio por la tragedia vial ocurrida en el Parque tuvo este viernes un momento decisivo, no solo por la condena judicial, sino también por el fuerte contenido simbólico que atravesó la audiencia. Antes de que se diera por cerrado el proceso contra Amalia Molina, de 82 años, la familia de Fausto Morcos hizo oír su voz con un mensaje que desplazó el eje del debate desde lo técnico hacia el impacto humano irreversible del atropello.

En representación de los padres del adolescente, Marta García y Julia Morcos, tías de la víctima, tomaron la palabra ante la jueza y los presentes. “Hoy sus padres no están presentes. El dolor les resulta insoportable, les ha quebrado la voz y la presencia.” Sus declaraciones expusieron el daño que dejó la decisión de cruzar un semáforo en rojo, una acción que  no puede ser reducida a un error ni a un accidente.

“Quien no cumple las leyes de tránsito, convierte un auto en un arma”, afirmaron, al recordar el momento en que comprendieron que la muerte de Fausto no fue fortuita. “Fausto no murió, a Fausto lo mataron”, señalaron, al responsabilizar directamente a la conductora por haber priorizado “ganar 40 segundos” por sobre el valor de una vida.

Las tías reconstruyeron quién era Fausto más allá del expediente judicial: un niño de 13 años, activo, querido y profundamente integrado a su entorno familiar, escolar y deportivo. “Era pura alegría, la luz de nuestras vidas. Siempre estaba dispuesto a compartir, a construir vínculos, a regalar tiempo”, expresaron, al tiempo que evocaron rutinas cotidianas y afectivas que quedaron abruptamente interrumpidas.

accidente
 

También destacaron que el adolescente intentó cruzar por la senda peatonal, con el semáforo en verde a su favor, confiando en reglas básicas de convivencia. “Fausto respetaba la vida, la suya y la de los demás”, subrayaron, contrastando esa conducta con la de quien decidió avanzar pese a la señal roja.

El mensaje incluyó además un cuestionamiento directo a la conducta posterior de la condenada y su entorno. “Desde el trágico momento del atropello no recibimos ni un solo gesto de humanidad, de empatía o de arrepentimiento”, afirmaron ante el tribunal. “No hubo palabras de consuelo ni reconocimiento por el daño causado”.

Lejos de limitarse al reproche, las familiares explicaron que su presencia en el juicio tuvo un objetivo más profundo: “Estamos aquí exigiendo justicia por Fausto, buscando algo de paz y que el duelo nos permita encontrar, aunque sea mínimo, un camino hacia la reparación”.

Con esas palabras, el juicio dejó de ser solo una instancia para definir una pena y se convirtió en un espacio donde se expuso, con crudeza, el costo real de una infracción vial. El expediente se cerró, pero el mensaje de la familia quedó instalado: detrás de cada semáforo ignorado hay consecuencias que no prescriben.

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