ALERTA EN LA VID

La expansión de la Lobesia botrana amenaza la producción vitivinícola

La polilla de la vid se extiende por toda la provincia, poniendo en riesgo la calidad y cantidad de la producción de uva. Los expertos advierten que los controles actuales no son suficientes para frenar su avance.

La temporada de cosecha en Mendoza se enfrenta a una amenaza cada vez más crítica: la Lobesia botrana, conocida como la polilla de la vid, que ha ido avanzando de manera preocupante en los últimos años. A pesar de los esfuerzos por parte de productores y organismos como el Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza (Iscamen), la plaga continúa expandiéndose, afectando seriamente la producción vitivinícola y encareciendo los costos de control.

Especialmente en el Oasis Norte, Este y el Valle de Uco, las zonas más afectadas, la Lobesia botrana está comprometida tanto la calidad de la uva destinada a vino como a consumo en fresco. La plaga fue detectada por primera vez en 2010 en Cruz de Piedra, Maipú, aunque se estima que ingresó al país desde Chile, donde apareció en 2008. Desde entonces, su avance ha sido imparable, causando daños considerables desde 2015, especialmente en las regiones mencionadas.

Las estrategias de control han cambiado con los años. En sus primeros momentos, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) aplicaba controles a través de la exigencia de insecticidas, pero la falta de recursos y maquinaria adecuada ha permitido que la plaga se propague. Actualmente, la plaga abarca casi toda la provincia, afectando incluso al Valle de Uco y al Oasis Sur.

Desde 2016, la Ley 27.227 permitió asignar recursos importantes para el control de la plaga, con una inversión de alrededor de 15 millones de dólares anuales entre 2017 y 2019, lo que permitió reducir significativamente la población de la Lobesia botrana. Sin embargo, desde 2020 los fondos destinados al control de la plaga han disminuido considerablemente. En la última campaña, solo se destinaron 6 mil millones de pesos, aportados en su totalidad por la provincia, dado que la Nación no contribuyó.

El desafío es claro: una estrategia integral que involucre tanto a la producción como a los gobiernos provinciales y nacionales, con una inversión significativa para enfrentar la plaga de manera eficaz.