La Iglesia pidió proteger la Ley de Glaciares y llamó a priorizar el cuidado del agua y el ambiente
La Comisión Episcopal de Pastoral Social publicó una carta abierta dirigida a los legisladores nacionales en la que solicitó preservar la protección ambiental establecida por la Ley de Glaciares y advirtió sobre los riesgos de avanzar con cambios que puedan debilitar el cuidado de reservas estratégicas de agua dulce en el país.
El documento, titulado Carta abierta a nuestros legisladores nacionales sobre la protección de los glaciares, expresa la preocupación de la Iglesia ante el debate político en torno a la Ley Nacional de Glaciares, considerada una herramienta fundamental para resguardar ecosistemas clave y garantizar el acceso al agua.
Desde la pastoral social señalaron que los glaciares no son simples recursos económicos, sino fuentes esenciales de vida, reguladores del clima y del ciclo hídrico, además de sostén para poblaciones, actividades productivas y la biodiversidad. En ese sentido, remarcaron que el acceso al agua potable constituye un derecho humano básico y universal.
Usa conceptos del papa Francisco
El texto retoma conceptos del papa Papa Francisco, vinculados al impacto de la degradación ambiental y a la necesidad de repensar los modelos de desarrollo frente a lo que denomina una crisis socioambiental integral. Según la carta, el planeta atraviesa una situación crítica respecto al cuidado del agua y los recursos naturales, con daños que afectan ríos, acuíferos, humedales y glaciares.
Entre los principales pedidos dirigidos al Congreso de la Nación, la Comisión Episcopal exhortó a mantener y fortalecer los presupuestos mínimos de protección ambiental, priorizar la defensa de la vida y la integridad de los ecosistemas por sobre intereses sectoriales y escuchar a comunidades locales, científicos y organizaciones sociales antes de adoptar decisiones legislativas.
Asimismo, el documento reclama impulsar un modelo de desarrollo que armonice la producción con la ecología integral y que contemple la solidaridad intergeneracional, pensando en el futuro de las próximas generaciones.
La Iglesia también apeló a la responsabilidad política de los representantes públicos, al sostener que las decisiones sobre los bienes naturales deben anteponer el bien común y no intereses de corto plazo. La nobleza de la política se expresa cuando cuida la vida, el ambiente y la dignidad humana, señala el mensaje.
Finalmente, la carta concluye con un llamado a reconocer la fragilidad de la naturaleza y a asumir un compromiso colectivo con su cuidado, advirtiendo que el modo en que se gestionen hoy los recursos naturales definirá las condiciones de vida de las generaciones futuras.