La NASA oficializó un giro estratégico en su política espacial al anunciar la construcción de una base permanente en la Luna, una decisión que implica postergar el desarrollo de la estación orbital Gateway. El anuncio fue realizado por el administrador de la agencia, Jared Isaacman, quien subrayó que Estados Unidos priorizará una infraestructura habitable fija sobre la superficie lunar.
El proyecto se enmarca dentro del programa Artemis, que prevé una inversión de 20.000 millones de dólares en los próximos siete años. El objetivo central es consolidar una ocupación permanente, superando el modelo de misiones esporádicas que caracterizó a etapas anteriores de la exploración espacial.
“El objetivo no es solo llegar a la Luna, sino quedarse. Estados Unidos jamás volverá a renunciar a la Luna”, afirmó Isaacman, quien además indicó que la agencia adoptará un esquema operativo inspirado en el histórico programa Apolo, aunque con una visión de largo plazo orientada a la sostenibilidad.

El emplazamiento elegido para la base es el Polo Sur lunar, considerado clave por la presencia de hielo de agua en cráteres como Shackleton y Faustini. Este recurso resulta fundamental para garantizar el soporte vital, la producción de combustible y el desarrollo de operaciones continuas en el satélite.
En cuanto al cronograma, la NASA definió una serie de hitos concretos. El 1 de abril se lanzará la misión Artemis II, que llevará tripulación a orbitar la Luna por primera vez en más de medio siglo. A partir de 2027, se implementará un puente logístico con vuelos mensuales no tripulados destinados al envío de suministros.
El regreso de astronautas a la superficie lunar está previsto para 2028, en el marco de las fases IV y V del programa Artemis. Finalmente, el horizonte para que la base lunar esté plenamente operativa y habilitada para estancias prolongadas se proyecta entre 2030 y 2035, marcando un nuevo capítulo en la exploración espacial y en la competencia global por el dominio del espacio.

