El impacto del conflicto en Medio Oriente tiene efectos mixtos para la economía energética argentina. Mientras la suba internacional del petróleo mejora el ingreso de divisas por exportaciones, el país enfrenta al mismo tiempo un aumento significativo en el costo del gas, especialmente por la necesidad de importarlo durante los meses de mayor demanda.
En los últimos años, el desarrollo de Vaca Muerta permitió a Argentina revertir su histórico déficit energético y consolidarse como exportador neto de petróleo. Este cambio estructural generó un superávit energético récord y permitió aprovechar parcialmente el aumento del precio internacional del crudo.

Sin embargo, el escenario del gas es diferente. A diferencia del petróleo, las exportaciones de gas están limitadas principalmente a países limítrofes y a través de gasoductos regionales, lo que reduce de forma considerable su capacidad de generar divisas.
En paralelo, la Argentina debe recurrir a la importación de Gas Natural Licuado (GNL) para abastecer la demanda interna durante el invierno, lo que genera un fuerte impacto en las cuentas externas. El precio internacional del GNL se mantiene elevado, con valores superiores a los del año anterior, lo que incrementa el costo de abastecimiento.
Las estimaciones del sector indican que el país deberá importar decenas de cargamentos de GNL durante el invierno, lo que implicará un gasto de más de mil millones de dólares. Este nivel de importación neutraliza gran parte del ingreso adicional generado por la exportación de energía.
En comparación, las exportaciones de petróleo superan ampliamente a las de gas en términos de generación de divisas, lo que profundiza el desequilibrio entre ambos mercados dentro del esquema energético argentino.

El incremento del costo de importación se explica, además, por la falta de infraestructura que permita ampliar la capacidad de exportación de gas. Diversos proyectos de ampliación de gasoductos y obras complementarias registran avances limitados, lo que restringe el aprovechamiento pleno del recurso.
Entre las obras consideradas estratégicas se encuentran la ampliación de gasoductos hacia el norte del país y la mejora de la capacidad de transporte interno, que permitirían reducir la dependencia de importaciones en períodos de alta demanda.
A esto se suma la ausencia de infraestructura para exportar gas a través de barcos, lo que limita la inserción del país en el mercado global de GNL, un segmento en crecimiento a nivel internacional.
En este contexto, el sistema energético argentino enfrenta una paradoja: mientras el petróleo mejora la posición externa del país, el gas genera un costo adicional relevante que reduce parte de ese beneficio.
El balance final del sector dependerá de la evolución de los precios internacionales, la demanda interna en invierno y la capacidad de avanzar en obras de infraestructura que permitan reducir la dependencia de importaciones en el mediano plazo.
