En la última dictadura cívico-militar (1976-1983), las personas travesti y trans sufrieron detenciones, torturas y violencia sexual por parte de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, durante mucho tiempo sus historias no formaron parte de la memoria oficial ni de los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad.
Recién en los últimos años comenzaron a incorporarse testimonios en juicios como el de las “Brigadas” en la provincia de Buenos Aires, donde cinco mujeres trans relataron ante los jueces el calvario que padecieron en centros clandestinos.

El rescate de las memorias
Documentales, investigaciones periodísticas y el Archivo de la Memoria Trans han contribuido a recuperar relatos de sobrevivientes como Julieta González y Fabiana Gutiérrez. Estos testimonios funcionan como prueba judicial y como un acto político: inscriben a las mujeres trans como víctimas del terrorismo de Estado y como protagonistas de la memoria colectiva.

La lucha de “Las Históricas Argentinas”
Hoy, agrupaciones de mujeres trans mayores, autodenominadas “Las Históricas Argentinas”, reclaman una reparación que contemple su condición de sobrevivientes de la represión y la exclusión estructural. Piden pensiones, programas de salud integral y reconocimiento simbólico del Estado.
Sostienen que los avances en materia de derechos —como la Ley de Identidad de Género y el cupo laboral travesti-trans— son conquistas fundamentales, pero no alcanzan para saldar la deuda con quienes envejecen después de haber sobrevivido a la violencia institucional y a décadas de marginalidad.
El desafío de incluirlas en la memoria oficial
Reconocer a las mujeres trans como víctimas del terrorismo de Estado significa ampliar la memoria colectiva. No se trata solo de sumar testimonios a los juicios, sino de replantear cómo se cuenta la historia reciente de la Argentina: quiénes fueron perseguidos, qué voces fueron silenciadas y qué narrativas aún deben emerger.

“Dar dignidad a lo que nos pasó”, expresó una de las sobrevivientes en audiencia judicial. Su frase condensa el núcleo del reclamo: que la historia de las trans en dictadura no quede en los márgenes, sino que ocupe el lugar que le corresponde en la memoria nacional.
