Las pequeñas y medianas empresas atraviesan uno de los momentos más delicados de los últimos años. La combinación de bajas ventas, menor rentabilidad, dificultades para financiarse y un consumo que no logra recuperarse mantiene bajo presión a un sector que representa cerca del 90% del entramado empresarial argentino y genera más del 60% del empleo privado formal.
En Mendoza, donde predominan las empresas de menor escala y no existen actividades extractivas de gran magnitud como en otras provincias, el impacto resulta aún más marcado. La desaceleración económica, la pérdida del poder adquisitivo y la menor demanda interna afectan directamente la actividad de industrias, comercios y productores.
Caída de la producción, el empleo y la confianza empresarial
Los últimos datos de la Fundación Observatorio Pyme reflejan el deterioro del sector. Durante el primer trimestre del año, la producción industrial pyme cayó 9,2% interanual, mientras que el empleo volvió a retroceder y acumuló más de tres años consecutivos de bajas.
Al mismo tiempo, la confianza empresarial descendió hasta su nivel más bajo desde 2023, en un contexto marcado por la caída de la rentabilidad, la menor actividad y un escenario de creciente incertidumbre.
La desaceleración también se observa en la economía en general. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) mostró una baja en abril respecto del mes anterior, consolidando un comportamiento irregular durante el año, con meses de recuperación seguidos por nuevas caídas.

Los problemas financieros complican la continuidad de las empresas
Uno de los principales desafíos para las pymes es el acceso al financiamiento. Las empresas enfrentan tasas elevadas, mayores exigencias para acceder a créditos y crecientes dificultades para refinanciar deudas contraídas en un contexto de altos costos financieros.
A este panorama se suman el aumento de concursos preventivos, convocatorias de acreedores y embargos fiscales, situaciones que ponen en riesgo la continuidad de numerosas firmas.
En Mendoza, además, la desaparición del Fondo para la Transformación y el Crecimiento redujo una de las principales herramientas de financiamiento para pequeños productores e industrias, especialmente en los sectores agrícola y vitivinícola.
El mercado interno sigue siendo el principal problema
La caída del consumo continúa siendo la mayor preocupación para las pequeñas y medianas empresas. Según distintos relevamientos, más del 80% de las firmas identifica la baja de ventas como el principal obstáculo para sostener la actividad.
El retroceso de la demanda interna afecta especialmente a sectores como la industria manufacturera, la construcción, el comercio, el transporte y los servicios, mientras que la minería aparece como una de las pocas actividades que mantiene un crecimiento sostenido.
Aunque algunos indicadores muestran leves mejoras interanuales, las ventas minoristas continúan por debajo de los niveles esperados y acumulan una retracción durante el primer semestre. Los supermercados y distintos rubros del consumo masivo también registran caídas, reflejando el deterioro del poder de compra de los hogares.
Más costos y mayor competencia
Además de vender menos, muchas pymes enfrentan un incremento de costos que supera la posibilidad de trasladarlos a los precios. Los aumentos en energía, servicios e insumos reducen los márgenes de rentabilidad y obligan a muchas empresas a ajustar gastos para mantenerse en funcionamiento.
A este escenario se suma una mayor preocupación por el avance de las importaciones, que incrementa la competencia para sectores industriales orientados principalmente al mercado interno.
El RIGI y las diferencias con las pequeñas empresas
Desde distintos sectores productivos advierten que los beneficios previstos en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) alcanzan principalmente a grandes proyectos vinculados con minería, petróleo y exportaciones, mientras que las pequeñas y medianas empresas continúan enfrentando una elevada carga tributaria y menores posibilidades de acceder a incentivos.
En provincias como Mendoza, donde predominan las economías regionales y las industrias de menor escala, el impacto del régimen resulta limitado para la mayoría del entramado productivo.
Las prioridades para recuperar la actividad
Frente al escenario actual, las principales demandas del sector apuntan a un mayor acceso al crédito, alivio fiscal, políticas que impulsen el consumo interno y herramientas que permitan mejorar la competitividad.
Si bien una parte de las empresas mantiene expectativas de inversión y busca incorporarse a cadenas vinculadas con la minería, el petróleo y el gas, la mayoría considera que la recuperación dependerá del fortalecimiento del mercado interno y de una mejora en los ingresos de los consumidores.
Mientras esas condiciones no se consoliden, las perspectivas para las pymes continúan marcadas por la cautela, con niveles de producción, pedidos y rentabilidad que permanecen entre los más bajos de los últimos años.

