El último miércoles 30 de abril se conmemoró el Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido, una iniciativa creada en 1996 por el Center for Hearing and Communication para alertar sobre los efectos dañinos de la contaminación acústica. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 80% de los habitantes de grandes ciudades está expuesto a niveles de ruido perjudiciales, generados principalmente por el tráfico, la industria y el ocio.

Este exceso de decibelios no solo causa molestias, sino también graves problemas de salud: desde dolores de cabeza, hipertensión y taquicardia hasta pérdida auditiva, enfermedades cardíacas y diabetes. Incluso afecta la salud mental y contribuye a 12.000 muertes prematuras anuales en la Unión Europea. La fauna urbana, como aves e insectos, también sufre las consecuencias, ya que el ruido interfiere en su comunicación y supervivencia.
Como solución, ONU Medio Ambiente promueve incrementar las zonas verdes en las ciudades. La vegetación actúa como barrera natural, absorbiendo y dispersando el ruido, además de mejorar el bienestar mental de los ciudadanos. A pesar de esto, muchas personas han normalizado vivir en entornos ruidosos, ignorando que la OMS reconoce la contaminación acústica como un factor de riesgo para múltiples enfermedades. En un mundo cada vez más urbano, reducir el ruido es una cuestión de salud pública.




