La provincia de Corrientes atraviesa horas críticas por las intensas lluvias que no dan respiro. En San Luis del Palmar, localidad ubicada a unos 30 kilómetros de la capital, cayeron 530 milímetros de agua en apenas tres días, una cifra tres veces superior a la habitual para esta época del año, lo que provocó el desborde del río Riachuelo.
La situación se agravó en las últimas horas: el nivel del agua subió otros 10 centímetros y obligó a evacuar a más de 300 personas, muchas de las cuales lo perdieron todo. Decenas de familias fueron trasladadas a centros de evacuados mientras persiste la incertidumbre por la continuidad de las tormentas.
En varios barrios, el agua alcanzó el pecho de los vecinos, que solo pudieron rescatar algunos muebles y pertenencias básicas antes de abandonar sus casas. Muchos desconocen cuándo podrán regresar y en qué condiciones encontrarán sus hogares.

Ante la emergencia, la solidaridad vecinal se volvió clave. Habitantes de zonas más altas organizaron ollas populares, repartieron comida caliente, ropa y juguetes para los niños. Cada noche, familias enteras se acercan con recipientes en busca de un plato de comida.
En paralelo, bomberos voluntarios, Defensa Civil, Gendarmería y la Policía trabajaron en las evacuaciones y en la custodia de viviendas para evitar robos. Sin embargo, vecinos expresaron malestar por la falta de presencia oficial y la demora en la asistencia estatal.
El pronóstico no trae alivio inmediato. Rige una nueva alerta amarilla por tormentas y se espera que el mal tiempo continúe al menos hasta el miércoles, lo que mantiene en vilo a toda la región afectada.



