Una crisis silenciosa atraviesa la alimentación infantil en Argentina: más de siete de cada diez niños no alcanzan las ingestas recomendadas de nutrientes esenciales, según advierten especialistas en nutrición y pediatría. Esta situación, conocida como desnutrición oculta, afecta el desarrollo físico, cognitivo e incluso social de los más chicos.
El fenómeno pasa muchas veces desapercibido, ya que puede presentarse en niños con peso y talla normales. La selectividad alimentaria o las dietas restrictivas generan déficits nutricionales en apenas dos meses. Los expertos alertan que cuando un niño consume menos de 15 alimentos distintos, su riesgo de sufrir déficit de vitaminas y minerales esenciales aumenta considerablemente.

Un reciente informe del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (Cepea) indica que tres de cada cuatro niños entre 4 y 12 años no recibe la cantidad suficiente de nutrientes clave como vitamina D, calcio, ácidos grasos omega 3 y hierro. Estas deficiencias comprometen la salud ósea, la función inmunológica y el rendimiento cognitivo.
“La calidad nutricional de la alimentación es fundamental, sobre todo en niños mayores de 4 años o con dietas selectivas”, advierten los especialistas. La cocina del hogar cumple un rol central: promover variedad y equilibrio nutricional desde casa fortalece el sistema inmunológico y contribuye a un desarrollo saludable.
Los nutricionistas señalan que no alcanza con consumir alimentos individuales con buen perfil nutricional, sino que es necesario asegurar la combinación adecuada de vitaminas y minerales, incluyendo A, C, D, E, K, B3, B6, B12, biotina, zinc y yodo, esenciales para el crecimiento normal de los niños.

La malnutrición infantil tiene múltiples dimensiones: desnutrición, sobrepeso y déficit de micronutrientes. Datos recientes muestran que el 43% de los niños entre 6 y 12 años presenta algún tipo de malnutrición, mientras que 4 de cada 10 menores de 6 años presentan déficit de micronutrientes. En total, más del 50% de los niños en edad escolar tiene carencias nutricionales que podrían afectar su salud a largo plazo.
Expertos coinciden en que la solución requiere un abordaje integral que involucre al hogar, la escuela y el sistema de salud. Promover una alimentación variada, rica en frutas, verduras, lácteos y cereales integrales, es clave para prevenir estas deficiencias y garantizar un desarrollo físico y cognitivo adecuado en la infancia.
