El síndrome de ojo seco es una afección ocular que puede afectar a cualquier persona. No distingue edades ni regiones, y aunque puede presentarse durante todo el año, el invierno genera condiciones que agravan sus síntomas. Ardor, enrojecimiento, sensación de arenilla y visión borrosa son señales que alertan sobre su aparición.
Las bajas temperaturas y el uso frecuente de calefacción favorecen su desarrollo. Durante el invierno, la humedad ambiental disminuye y los ambientes cerrados se vuelven más secos. Esto provoca una evaporación más rápida de las lágrimas, lo que deja los ojos sin su lubricación natural. El uso prolongado de pantallas y la escasa ventilación intensifican aún más el malestar.
Para prevenir esta afección, es importante cuidar la hidratación ocular. La oftalmóloga Marleni Mendoza recomienda usar humidificadores en espacios cerrados, reducir el uso de calefactores y practicar el parpadeo consciente, especialmente al utilizar computadoras o celulares. También sugiere el uso de lágrimas artificiales sin conservantes, siempre con evaluación médica previa.

Adoptar pequeñas rutinas ayuda a evitar molestias. Aplicar la regla 20-20-20 (cada 20 minutos, mirar algo a 6 metros de distancia durante 20 segundos) contribuye a relajar la vista. Esta práctica resulta útil para quienes pasan muchas horas frente a pantallas y sienten cansancio ocular frecuente.
La alimentación cumple un rol esencial en la salud visual. Consumir alimentos ricos en ácidos grasos omega-3 como pescado, semillas o frutos secos, mantener una buena hidratación y sumar frutas antioxidantes a la dieta ayudan a conservar la película lagrimal y fortalecer la salud ocular desde adentro.
La higiene también es clave para prevenir complicaciones. Es recomendable lavarse las manos con frecuencia, evitar tocarse los ojos y no compartir elementos personales como toallas o maquillaje. Estas medidas reducen el riesgo de infecciones oculares, que pueden empeorar en ambientes fríos y secos.
El ojo seco no debe considerarse una simple molestia. Si no se trata adecuadamente, puede afectar la calidad de vida y provocar problemas visuales a largo plazo. Con hábitos simples y cuidados constantes, es posible mantener la salud ocular también en invierno.
