A pesar de los avances tecnológicos y las campañas de prevención, el phishing continúa siendo la principal amenaza digital a nivel mundial. Representa el 70% de los ciberataques y su eficacia radica menos en lo técnico y más en lo humano: correos que simulan ser del banco, alertas de seguridad o facturas pendientes, que apelan a la urgencia, la presión o el miedo para engañar a la víctima.
Expertos en ciberseguridad advierten que los delincuentes perfeccionaron sus métodos con inteligencia artificial, deepfakes de voces y videos, y una estética cada vez más realista. En el entorno corporativo, una de las tácticas más peligrosas es la suplantación de direcciones legítimas (email spoofing), que permite enviar mensajes maliciosos desde cuentas aparentemente confiables, incluso robadas a directivos de empresas.

El especialista Mario Micucci, de ESET, explicó que la persistencia del phishing se debe a la manipulación emocional que logra sobre el usuario: “Cuando un mail llega del jefe, todos tendemos a hacer click”. En ese sentido, subrayó la importancia de la educación digital: detectar señales sospechosas, evitar links dudosos y verificar siempre la fuente antes de interactuar con un mensaje.
Además, alertó sobre el cambio de escala del cibercrimen: ya no se trata de hackers solitarios, sino de estructuras organizadas que operan como verdaderas empresas delictivas. Estas bandas criminales dedican meses o incluso años a planificar ataques específicos, siguiendo un ciclo detallado que incluye acceso inicial, robo de datos y escalamiento de privilegios. Frente a ese panorama, la prevención sigue siendo clave.


