A dos meses de registrarse un aumento de su actividad, el volcán Planchón-Peteroa, ubicado en la Cordillera de los Andes y compartido entre Argentina y Chile, mantiene una situación más tranquila en su superficie, aunque continúa siendo uno de los más activos del país.
En octubre pasado, la actividad del volcán generó preocupación en localidades cercanas como Bardas Blancas y algunos sectores de Malargüe, debido a la caída de ceniza y material volcánico. La situación llevó a reforzar el monitoreo, con recomendaciones para que los residentes de la zona protegieran sus vías respiratorias. Desde entonces, la actividad superficial ha disminuido, sin registrarse nuevas emisiones de ceniza, aunque el volcán sigue mostrando desgasificación pasiva y cierta incandescencia nocturna.
El nivel de alerta técnica se mantiene en amarillo, indicando vigilancia constante y un seguimiento más estrecho que en alerta verde. Esto no implica un riesgo inminente de erupción, sino un monitoreo intensificado con reportes frecuentes para anticipar cualquier cambio. En la zona se realizan controles diarios mediante cámaras, sismógrafos y otros equipos, y se toman muestras de aguas y cenizas que permiten analizar la evolución de la actividad.

El Planchón-Peteroa es un complejo volcánico de actividad recurrente, considerado el segundo de mayor riesgo en Argentina. A lo largo de la historia reciente ha registrado erupciones importantes, como las de 1991, 2010-2011 y 2018-2019. Desde marzo de este año, se observó un lento proceso de reactivación, con incrementos en la actividad sísmica y emisiones de gases, que motivaron la elevación de la alerta a amarillo en julio.
Las emisiones de ceniza registradas en octubre fueron de baja magnitud, afectando solo un radio reducido alrededor del volcán, sin impacto sobre la población cercana. Las áreas más afectadas fueron las relacionadas con el centro de esquí de El Azufre y zonas no pobladas.
Gracias al monitoreo permanente, se descarta que las cenizas puedan llegar a Gran Mendoza, Valle de Uco o San Rafael, manteniendo controlada la situación para la población. Las autoridades de protección civil permanecen en contacto con los observatorios, coordinando medidas preventivas según la evolución de la actividad volcánica.
El volcán continúa siendo un punto de vigilancia clave en Argentina, combinando actividad interna constante con relativa calma superficial, mientras las autoridades siguen atentos ante cualquier señal de cambio.
