El complejo volcánico Planchón-Peteroa, ubicado en Malargüe sobre el límite entre Argentina y Chile, permanece en alerta técnica amarilla desde julio. Durante los últimos días registró varios pulsos eruptivos que generaron columnas de cenizas de hasta 2.000 metros sobre el nivel del cráter, un comportamiento que refuerza su clasificación como uno de los sistemas más activos del territorio argentino.
Un complejo volcánico con múltiples cráteres
A diferencia de los volcanes de estructura cónica tradicional, el Planchón-Peteroa es un complejo volcánico, es decir, un edificio formado por distintos centros eruptivos que evolucionaron de manera superpuesta a lo largo del tiempo. Su conformación incluye un gran anfiteatro superior dentro del cual se distribuyen cuatro cráteres menores, cada uno producto de diferentes fases eruptivas.
En la actividad actual, el cráter número tres es el que concentra las emisiones superficiales, mientras que en episodios anteriores habían participado otros orificios del sistema.

Un volcán joven e inestable en términos geológicos
En la escala temporal de la Tierra, el Planchón-Peteroa es considerado un volcán joven e inestable, con reactivaciones frecuentes vinculadas a la búsqueda de nuevas vías de ascenso del magma.
Durante los últimos 200.000 años, el sistema atravesó varias etapas de crecimiento que dieron lugar a tres edificios volcánicos superpuestos, acompañados por una progresiva migración del conducto eruptivo hacia el norte.
El colapso que modificó su estructura
Hace aproximadamente 12.000 años, una gran porción del edificio occidental colapsó y generó una de las avalanchas de rocas más extensas registradas en tiempos recientes en el valle del río Claro, en Chile. Ese evento transformó la cumbre original en un anfiteatro abierto hacia el oeste, desde cuyo interior se desarrolló luego la actividad eruptiva más reciente.
Eruptividad moderna y formación de los cuatro cráteres
Durante los últimos 10.000 años, el volcán concentró su dinámica en el anfiteatro superior, donde se formaron sus cuatro cráteres actuales. Estos se relacionan con explosiones freatomagmáticas, oleadas piroclásticas y depósitos de caída, además de un cono de escoria y una colada de lava asociada.
En comparación con etapas previas, el comportamiento reciente se caracteriza por ser más explosivo y por emitir materiales de composición relativamente más silícea.
