El timón de la política económica argentina mantiene como ancla innegociable la disciplina de las cuentas públicas, aunque el método para sostenerla empieza a mostrar sutiles matices. El Gobierno se encamina a cumplir con la exigente meta de superávit primario del 1,4% del PBI para todo el año 2026. Al primer cuatrimestre, el Palacio de Hacienda ya acumuló un saldo positivo equivalente al 0,5% del PBI (y un 0,2% en el plano financiero).
Sin embargo, sostener esta dinámica bajo la estricta aplicación de la "motosierra" ingresó en una fase de rendimientos decrecientes, especialmente en un contexto donde la recaudación tributaria nacional total sufrió una contracción del 6,1% real interanual en el período enero-mayo.
Para compensar este bache de ingresos, el Ministerio de Economía continuó ejecutando un fuerte recorte sobre el gasto primario devengado —es decir, los compromisos de pago que asume el Estado—, registrando en mayo una disminución del 4,5% real interanual, según datos de la consultora Analytica.

La radiografía de la motosierra: los rubros más ajustados
El desglose del gasto devengado durante el último mes expone cuáles fueron las partidas presupuestarias que absorbieron el mayor impacto de la moderación oficial:
Transferencias provinciales: Sufrieron un histórico desplome del 70,7% interanual. Al descontar el "efecto SAMIC" (los fondos para estos hospitales públicos dejaron de computarse en este casillero), la reducción neta real se ubicó en el 64,2%.
Subsidios económicos y sociales: Los giros destinados a compensar las tarifas de transporte y energía cayeron un 24,7% real en mayo. En la misma sintonía, los programas de asistencia social retrocedieron un 21,2%.
Las excepciones en alza: En la vereda opuesta, las únicas partidas devengadas que exhibieron terreno positivo fueron la Asignación Universal por Hijo (AUH), con un incremento real del 9,3%, y las transferencias de capital destinadas a la obra pública, que repuntaron un 19,1%.

El "efecto caja" y la aparición de la deuda flotante
La verdadera encrucijada que analizan las mesas de dinero y los estudios fiscales radica en la brecha existente entre lo que el Estado computa como "compromiso" (devengado) y lo que efectivamente sale de la tesorería (base caja). Cuando el Gobierno gira menos dinero del que contractualmente se compromete a pagar, se genera un incremento de la denominada deuda flotante.
Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) desnudó esta paradoja. Mientras el gasto primario devengado de la Administración Nacional fue de $10,7 billones (una baja real del 4,4%), el gasto en base caja —el dinero efectivamente pagado— trepó a $11,4 billones, registrando un incremento real interanual del 1,9% durante mayo.
Este desfase mensual estuvo explicado por la necesidad de cancelar obligaciones previas acumuladas. En el desglose de los pagos efectivos de mayo, las partidas destinadas a los salarios del personal estatal se mantuvieron constantes (-0,2%), pero los giros para jubilaciones y pensiones subieron un 6,8% real. Asimismo, el salto más significativo de la caja se observó en las transferencias a las universidades nacionales, que registraron una fuerte suba del 77,8% frente a mayo del año pasado.
A pesar de la expansión detectada en mayo, el acumulado de los primeros cinco meses del año devuelve una foto de consolidación fiscal: el gasto primario pagado arrastra una caída real interanual del 4,1%. Las variables confirman el diagnóstico del ministro Luis Caputo respecto a que sostener el superávit fiscal en el mediano plazo no dependerá exclusivamente de seguir pisando las partidas del presupuesto, sino de lograr una genuina reactivación económica y una mayor formalización laboral que incrementen los recursos reales de la caja del Estado.
