La industria textil atraviesa su momento más crítico en años. Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la producción del sector alcanzó en enero de 2026 el nivel más bajo desde 2016, con una caída interanual del 23,9%, casi ocho veces mayor que la contracción de la industria en general, que fue del 3,2%.
El deterioro se refleja también en la capacidad instalada, que en enero operó apenas al 24%, 11 puntos por debajo del mes anterior y 10 puntos menos que en el mismo período de 2025. En comparación, la industria en su conjunto utilizó el 53,6% de su capacidad operativa, evidenciando la profundidad de la crisis textil.

El frente externo agrava la situación. En febrero de 2026, se importaron 12.800 toneladas de productos textiles por un valor de 32 millones de dólares, destacando un aumento de las importaciones de productos finales, como confecciones y prendas, mientras que caen los ingresos de insumos clave para la producción local, como hilados y tejidos.
Un dato crítico es la subfacturación de importaciones: más del 70% de los productos textiles ingresaron al país a precios muy inferiores a los históricos. Ejemplos extremos incluyen remeras de algodón por menos de US$ 0,01, toallas por debajo de US$ 0,30 el kilo y jeans por menos de US$ 1. Estas prácticas generan competencia desleal y distorsionan el mercado, en un contexto de caída de la actividad productiva.
El impacto también alcanza al empleo: en diciembre de 2025, los sectores textil, confección, cuero y calzado registraban 100.000 puestos formales, lo que implica una pérdida de 12.000 empleos en un año y más de 20.000 desde fines de 2023.
