En Mendoza, tomar un crédito implica afrontar un costo mucho más alto que el financiero. Distintos análisis advierten que casi el 30% del valor de la cuota corresponde a impuestos, lo que encarece el acceso al financiamiento tanto para familias como para empresas.
En un escenario donde la inversión es clave pero el consumo sigue débil, el crédito aparece como una herramienta necesaria. Sin embargo, la presión impositiva reduce su atractivo y complica su expansión.
Impuestos que encarecen el crédito
El costo de un préstamo no solo incluye intereses. También se suman tributos de distintos niveles del Estado. Entre los principales se encuentran:
- IVA sobre los intereses
- Ingresos Brutos provinciales
- Impuesto a los Sellos
- Tasas municipales
Esto genera que una parte importante de la cuota mensual no se destine ni a pagar capital ni intereses, sino exclusivamente a carga fiscal.

Un ejemplo concreto muestra el impacto: en un crédito de $10 millones con una tasa del 60%, los intereses alcanzan los $6 millones. Sobre ese monto se aplican impuestos que pueden sumar casi $2 millones adicionales, lo que lleva la carga impositiva a cerca del 30% del costo total.
Efecto directo en el bolsillo
Este esquema tiene consecuencias claras para quienes toman crédito. Por un lado, reduce el ingreso disponible de los hogares, ya que aumenta el peso de la cuota mensual. Por otro, limita la capacidad de consumo, ahorro y planificación financiera.
Además, eleva el Costo Financiero Total (CFT), haciendo que préstamos que inicialmente parecen accesibles se vuelvan difíciles de sostener en el tiempo.
Doble imposición: el crédito y el consumo
Otro punto crítico es que el dinero obtenido a través del crédito vuelve a pagar impuestos cuando se utiliza. Es decir, el financiamiento ya está gravado y también lo están los bienes o servicios que se compran.
Esto implica una doble carga que reduce el poder adquisitivo real del préstamo y desalienta tanto el consumo como la inversión.
Impacto en el sistema financiero
La presión impositiva no solo afecta a los usuarios. También incide en la oferta de crédito. En algunos segmentos, como los préstamos prendarios, la actividad es muy limitada.
A esto se suma que los bancos enfrentan altos costos fiscales, especialmente por Ingresos Brutos y tasas municipales, lo que repercute en las tasas que finalmente pagan los clientes.
Menos crédito, menos crecimiento
El resultado es un sistema donde financiarse resulta caro y poco accesible, lo que frena proyectos personales, consumo e inversiones productivas.
Aunque en los últimos años el crédito mostró cierto crecimiento en Mendoza, el peso de los impuestos sigue siendo uno de los principales obstáculos para su desarrollo.
En este contexto, especialistas coinciden en que reducir la carga impositiva sobre el financiamiento sería clave para impulsar la economía y facilitar el acceso al crédito.
