Hay escenas que parecen repetirse generación tras generación en la Argentina. Un grupo de chicos reunidos en un recreo, las manos llenas de figuritas, la emoción de encontrar una difícil, el clásico "¿la tenés?" y la negociación interminable por una repetida. En tiempos de Mundial de Fútbol, esas postales vuelven a cobrar vida y forman parte de una tradición que atraviesa décadas.
Sin embargo, en un colegio privado de Mendoza decidieron ponerle un freno a ese ritual. Las autoridades del Colegio Nadino, ubicado en la Sexta Sección de Capital, solicitaron a las familias que los alumnos no lleven las figuritas del Mundial 2026 al establecimiento.
La decisión fue comunicada mediante un mensaje enviado por WhatsApp. Allí explicaron que los intercambios generan distracciones durante las clases, conflictos entre compañeros y situaciones vinculadas a pérdidas o extravíos de figuritas que terminan requiriendo la intervención de docentes y directivos.
Desde la institución señalaron que estas situaciones afectan el normal desarrollo de las actividades escolares y solicitaron el acompañamiento de las familias para evitar que los estudiantes concurran con los coleccionables.

La medida, sin embargo, excede el plano organizativo y toca una fibra cultural profundamente argentina. Porque las figuritas del Mundial nunca fueron solamente papel impreso. Son una excusa para compartir, negociar, aprender reglas de convivencia, socializar y construir recuerdos que suelen perdurar mucho más que los resultados de un campeonato.
Mucho antes de los teléfonos inteligentes, las redes sociales y los videojuegos en línea, los recreos argentinos estuvieron poblados por álbumes, figuritas repetidas y rondas improvisadas de intercambio. Para miles de niños y niñas, completar un álbum era una aventura colectiva que se desarrollaba precisamente en esos espacios de encuentro cotidiano.
La escuela tiene la responsabilidad de garantizar el aprendizaje y el orden. Pero también es uno de los principales escenarios donde se construyen experiencias de amistad, pertenencia y juego. Por eso, la prohibición de las figuritas del Mundial 2026 reabre una pregunta que aparece cada tanto: ¿hasta dónde debe llegar la regulación de aquellas prácticas que forman parte de la cultura infantil?
Mientras el furor mundialista crece en todo el país, las figuritas seguirán circulando en plazas, clubes, veredas y reuniones familiares. En este colegio mendocino, en cambio, deberán esperar a la salida del timbre para volver a cambiar de manos y alimentar una de las tradiciones más entrañables del fútbol argentino.



