La ceremonia fúnebre del Papa Francisco culminó con un conmovedor símbolo de su legado: la recepción de su féretro en la Basílica de Santa María la Mayor por un grupo representativo de los más marginados. Migrantes, personas transgénero, individuos en situación de pobreza y presos participaron en este último homenaje, reflejo del compromiso del Papa con los más vulnerables.
Organizaciones como Cáritas y la Comunidad de Sant'Egidio seleccionaron a estos representantes, quienes esperaron con rosas en mano para recibir el ataúd. Esta iniciativa, un gesto de profunda significancia, buscaba honrar la memoria de Francisco y su dedicación a los más necesitados.

La sencillez de la tumba elegida, una lápida modesta con la inscripción "FRANCISCUS", resalta la humildad que caracterizó al Papa. La elección de la Basílica de Santa María la Mayor, un lugar de especial significado religioso para Francisco, se suma a la solemnidad de este último adiós. Su devoción a la imagen de la Virgen Salus Populi Romani, que se encuentra en esta basílica, fue un factor determinante en esta decisión.
La homilía fúnebre destacó el compromiso inquebrantable de Francisco con los más desfavorecidos, su cercanía con la gente y su corazón abierto a todos. Su despedida, rodeado de aquellos a quienes dedicó su vida y su ministerio, es un testimonio elocuente de su legado de compasión y servicio.



