Un importante referente de la escena cultural mendocina, Casa Montenegro, anunció el cierre de su local en calle Olascoaga 1480. A partir de agosto, el espacio que durante años albergó una vasta programación de actividades, cursos y espectáculos cesará sus funciones debido a que los dueños han solicitado el lugar para un emprendimiento propio.
"Llegó el fin de ciclo de CM, tal y como fue hasta ahora", comunicaron Majo y Pato, las coordinadoras, en un mensaje emotivo a su comunidad. A pesar de la "pena de cerrar un espacio más para la cultura de Mendoza", ambas confían en que "nuevos horizontes y proyectos nos volverán a reunir".

Casa Montenegro nació de la inquietud cultural de la fotógrafa María José Navarro Sardá y la periodista Patricia Slukich. "Queríamos gestar un espacio que albergase como misión el entrenamiento de audiencias; es decir, que proveyese contenidos culturales curados, que no tienen distribución en los circuitos industriales", explica Patricia Slukich en diálogo con Diario Mendoza. Inicialmente, combinaba una librería, vinería y un espacio cultural con cursos y seminarios de fotografía, cine, música, canto, teatro y literatura, además de espectáculos locales de alta calidad. Su apertura, apenas cuatro días después del inicio de la pandemia, los obligó a reinventarse en el universo digital, logrando expandir su alcance con el apoyo de artistas como Teresa Parodi y Federico Jeanmaire.

Una vez que pudieron abrir sus puertas físicas, el proyecto se consolidó, instalando una propuesta única. Desarrollaron iniciativas como el "teatro + desmontaje" y "podcast en escena" con historias de grandes escritores, o ciclos de maridajes entre vino y literatura, poesía, música y cine. Patricia destaca el "Cine a la carta", un ciclo que funciona como cineclub y el "Club de lectura", del cual están muy orgullosas por su planteo formal que "no tiene paralelo con otros". Además de sus variados cursos, Casa Montenegro fue la casa de "historias de asesinos famosos de la historia argentina", analizando la sociopolítica de cada período, y ofreciendo una diversidad de actividades artísticas, sociales, históricas y filosóficas.
Para sus creadoras y para la comunidad, Casa Montenegro representó un aporte fundamental en la formación de espectadores: "algo esencial en estos tiempos de transnacionalización, concentración de distribución de contenidos y homogeneización cultural", subraya Slukich. Funcionó como un refugio "afectivo, intelectual, humano y artístico" donde artistas y público se encontraron de manera íntima. "Para nosotras representó un espacio inmenso de aprendizaje de cómo gestionar cultura desde una perspectiva distinta y original, sin prejuicios pero cuidando la calidad", añade. Es importante destacar que el espacio nunca recibió subsidios estatales ni privados, sosteniéndose enteramente con las suscripciones y el apoyo de su público.

La noticia del pedido del lugar fue un "bombazo" inesperado para las coordinadoras. "Quedamos tan heladas, choquedas con la realidad, que recién ahora estamos trabajando en el cambio de CM que, para nosotras no termina sino que inicia otra etapa de desarrollo", confiesa Patricia. La respuesta de su público fue inmediata y conmovedora: el último "Cine a la Carta" se realizó a sala llena, con "todos ya amigos" que querían despedir esta etapa. Este apoyo masivo, que Patricia describe como "emocionante" y presente desde el inicio del proyecto, valida la propuesta de Casa Montenegro.
Sin embargo, Patricia aclara que no contemplan una reubicación de Casa Montenegro en su formato físico actual, debido a la gran inversión de dinero y tiempo que demandó y que nunca se recuperó, sumado a un contexto actual "muy difícil para la cultura: no hay consumo, no hay movimiento, la gente no tiene dinero". La buena noticia es que el proyecto continuará. "Toda esa energía y dinero que invertimos en sostener un espacio físico, la pondremos ahora en realizar producciones para ser concretadas en otros espacios", asegura. Tras el anuncio del cierre, recibieron "ofertas de espacios donde instalarnos de diversas maneras", las cuales están evaluando.

De esta forma, Casa Montenegro se transformará de una "casa física" a una "casa productora". Este cambio es posible gracias a la lealtad de un público que, según Patricia, "entiende nuestra propuesta, la quiere, y la necesita". El cariño y el apoyo de su comunidad, que se apropió del espacio y lo sostuvo con su presencia y suscripciones, es el motor de esta nueva etapa. Para sus creadoras, Casa Montenegro siempre fue "un hogar para todos aquellos que sienten que lo único que puede salvarnos en esta sociedad contemporánea, es la compañía de un otro con el arte como nexo humano y civilizatorio".



