Mariana Enriquez fue galardonada con el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso, uno de los reconocimientos más prestigiosos de la región, en una ceremonia realizada en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) en Santiago de Chile. Este galardón, dotado de 50 mil dólares, coincide con el centenario del nacimiento del autor chileno que da nombre al premio.

La escritora argentina, autora de obras como Nuestra parte de noche y Las cosas que perdimos en el fuego, fue elegida por un jurado que destacó “la relevancia y significación de su obra en la literatura contemporánea”. Durante su discurso, Enriquez reflexionó sobre la escritura como un medio para explorar la complejidad de lo humano y señaló que la literatura no ilumina, sino que opaca la condición humana. “Escribir es regresar a un mundo imaginario que es más potente y adorable que lo real”, afirmó.
Claire Mercier, académica y coordinadora del premio, subrayó que uno de los puntos clave en la narrativa de Enriquez es su capacidad para utilizar el terror como una herramienta crítica para abordar las desigualdades y violencias de América Latina. También trazó paralelismos entre la obra de Enriquez y El obsceno pájaro de la noche de José Donoso, identificando en ambas la figura del invunche, un monstruo de origen humano que simboliza deformidades sociales.

En su discurso, Enriquez evocó la biblioteca de su infancia en Lanús, donde descubrió a escritores que marcaron su vida, como Emily Brontë, Jorge Luis Borges y Edgar Allan Poe. También confesó que su formación como escritora estuvo más ligada a la curiosidad que a la academia. “No estudié Letras ni asistí a talleres literarios. Para mí, la literatura siempre fue una red inmensa de referencias y conexiones inesperadas”.
La escritora definió el gótico contemporáneo como un reflejo de las ruinas del capitalismo tardío. “Es un género que encuentra sus escenarios en fábricas abandonadas, supermercados vacíos y otros espacios desolados por la modernidad”, explicó. Además, enfatizó que su obra no busca complacer a los lectores, sino abrir nuevos caminos creativos: “No quiero darles lo que piensan que quieren de mí. Tengo mundos enteros por descubrir”.
Enriquez también expresó su vértigo al recibir un premio a la trayectoria a los 51 años. “Estoy en más de la mitad de mi vida, salvo que llegue a centenaria. Me queda mucho por escribir; soy una aprendiz”, reflexionó. Con humor, reconoció las contradicciones de su carrera y el constante desafío de mejorar su obra.

La ceremonia concluyó con una ovación de pie para una autora que, con su imaginación desbordante y su mirada crítica, se ha convertido en una voz esencial de la literatura iberoamericana contemporánea. “Hoy acepto este premio magnífico, pero estoy ansiosa por volver a escribir. Esa habitación de mi infancia, aunque ya no exista, es mi lugar sin límites”, concluyó Enriquez.



