En el marco de otra jornada copera tanto para Godoy Cruz como para la provincia, este martes por la noche el estadio Malvinas Argentinas volvió a vestirse de fiesta para recibir, por la segunda fecha de la Copa Sudamericana, a Sportivo Luqueño, de Paraguay, en una nueva oportunidad para sumar otro triunfo en el certamen continental.
Desde muy temprano, cientos de hinchas del Expreso se reunieron en las inmediaciones del Parque General San Martín para ponerle ritmo y color a este encuentro que no sucedía desde hace varios años. Y es que, Godoy Cruz vuelve a competir en la Copa Sudamericana después de 11 años.
Así, con bombos, banderas y todo lo que tenga el escudo del Tomba adornaron las cercanías del Malvinas Argentinas.

Bajo la noche mendocina, con un clima agradable, la hinchada se prepara para recibir al club de sus amores, aquel que une familias, amigos y parejas en un solo lugar. Y por un único corazón.
La ilusión tombina, intacta
Hinchas de todas las edades llegaron con la camiseta puesta, pintándose el rostro y haciendo sonar los bombos que retumbaban entre los árboles y las calles cercanas al estadio. El partido contra Sportivo Luqueño, de Paraguay, por la fase de grupos de la Copa Sudamericana, se vive como una final anticipada en Mendoza.
El Malvinas Argentinas se convirtió en el epicentro de la ilusión tombina. Las banderas colgadas, las caravanas desde los barrios y las canciones coreadas a todo pulmón fueron el preludio de una noche que promete ser inolvidable. Muchos fanáticos armaron su ritual habitual: asado improvisado, mate compartido, camisetas históricas y promesas por cumplir si el Tomba logra avanzar en el certamen continental.
La previa estuvo cargada de emoción, pero también de respeto y entusiasmo por recibir a una delegación extranjera. A pesar de la expectativa, reinó el buen clima y el aliento fue el gran protagonista. Los vendedores ambulantes ofrecían desde vinchas celestes y blancas hasta gorros conmemorativos, y los niños corrían con pelotas entre los pasillos, como en una tarde de potrero.
A medida que caía el sol, el Malvinas comenzaba a latir con fuerza. Las tribunas se fueron poblando y el rugido de la hinchada comenzó a hacerse sentir, preparando el terreno para lo que será un partido cargado de nervios y pasión. Godoy Cruz se juega más que tres puntos: se juega seguir escribiendo historia en el plano internacional. Y su gente lo sabe. Por eso está ahí, firme, cantando, esperando el pitazo inicial con el corazón en la garganta.


