La estrategia económica del presidente Javier Milei volvió a quedar bajo la lupa internacional. Un informe del Financial Times advirtió que el plan oficial para reducir la inflación en Argentina comienza a mostrar señales de estancamiento, luego de que el índice de marzo se ubicara en 3,4%, el nivel más alto en un año.
El medio británico plantea que, tras una fuerte baja desde los dos dígitos heredados en 2023, el proceso de desinflación perdió impulso en los últimos meses. Luego de tocar un piso cercano al 1,5%, la inflación volvió a acelerarse, con registros de 2,9% en enero y febrero, antes del salto de marzo.

Entre los factores que explican esta dinámica, el análisis menciona el fin del ancla cambiaria, tras la flexibilización del tipo de cambio en el marco del acuerdo con el FMI, lo que habría reactivado presiones sobre los precios. También se suma el impacto del contexto internacional, con aumentos en la energía, y la persistencia de inercia inflacionaria en la economía local.
Otro punto señalado es la suba de tarifas de servicios públicos, que continúa ajustándose tras años de subsidios, en contraste con bienes manufacturados que se mantienen relativamente contenidos por la apertura comercial.
Economistas consultados por el diario sostienen que el proceso entra en una etapa más compleja. Algunos advierten que bajar la inflación desde niveles altos hacia cifras moderadas es más sencillo que llevarla a valores cercanos a cero, mientras que otros señalan la falta de un marco claro de política monetaria y el abandono del ancla cambiaria como factores que generan un “impasse”.

El informe también menciona el impacto social del contexto económico, con señales de deterioro del poder adquisitivo, aumento del desempleo y caída en los ingresos reales de trabajadores y jubilados.
En paralelo, se observa un retroceso en los niveles de aprobación del Gobierno, según encuestas internacionales, en un escenario donde las preocupaciones por salarios y empleo comienzan a desplazar a la inflación como principal problema para la población.
De esta forma, el debate económico vuelve a concentrarse en la capacidad del programa oficial para sostener la desaceleración de precios en la segunda mitad del proceso.
