El inicio de agosto será una prueba clave para el plan económico, ya que comenzará a definirse cuánto se trasladará a precios la suba del dólar, que cerrará julio con un alza de entre 7% y 9%. A esto se suma el impacto de los aumentos en combustibles y servicios públicos, generando un escenario sensible para los formadores de precios.

A pesar de la intervención oficial, el tipo de cambio se estabilizó en torno a los $1.300, un valor que el Gobierno busca sostener para minimizar el pass-through. Desde Economía confían en que, en ese umbral, la inflación puede seguir descendiendo. De hecho, consultoras como EcoGo, LCG y Analytica proyectan una inflación de entre 1,4% y 1,8% para julio.
La reacción del sector privado en los próximos días será determinante. La incertidumbre política, sumada a los movimientos del dólar y el fin de las LEFI, deja un mercado tenso. Por ahora, no se registran grandes aumentos en alimentos, pero la atención está puesta en lo que ocurra este fin de semana.



