El crédito al sector privado en Argentina continúa siendo uno de los más bajos de América latina, con un volumen cercano al 10% del PBI, muy por debajo del promedio regional. Esta situación responde a décadas de inflación, devaluaciones e inestabilidad económica, que limitaron el desarrollo del financiamiento y encarecieron el acceso a préstamos para familias y empresas. Sin embargo, el escenario también abre una oportunidad de crecimiento si se consolida el orden macroeconómico.
Actualmente, el sistema muestra señales mixtas. Por un lado, mejoró la cultura de pago y la recuperación de la mora, lo que favorece la expansión del crédito. Por otro, el nivel de incobrabilidad sigue siendo elevado en préstamos a hogares, lo que frena el financiamiento de sectores como el consumo, el turismo, la educación o la compra de bienes durables.

En este contexto, crece la disputa entre los bancos tradicionales y las fintech por captar clientes y depósitos. La discusión se intensificó con el debate sobre la posibilidad de que las billeteras virtuales reciban cuentas sueldo, un flujo clave porque garantiza ingresos estables y permite ofrecer más préstamos. Las entidades bancarias advierten que si los depósitos migran fuera del sistema, el crédito podría encarecerse y reducirse.
Desde el sector tecnológico, en cambio, sostienen que la digitalización de los pagos y la libertad de elección del usuario ya transformaron el mercado. La mayoría de los argentinos utiliza simultáneamente bancos y plataformas digitales, lo que refleja un modelo híbrido en el que la confianza sigue siendo determinante, especialmente en los sectores de menores ingresos.
El futuro del sistema financiero parece orientado a la convivencia entre ambos modelos. Mientras los bancos aceleran su transformación digital, las fintech avanzan con alianzas y adquisiciones para ampliar su oferta. En un país con bajo nivel de crédito, el desafío será ampliar el financiamiento sin perder estabilidad, en un mercado que promete nuevos cambios y mayor competencia.



