El avance de la estrategia China para diversificar sus reservas internacionales volvió a quedar en evidencia con las últimas adquisiciones de oro realizadas por el Banco Popular de China (BPC). Desde 2023, el país asiático incorporó más de 290 toneladas y, solo en lo que va de 2025, agregó otras 21 toneladas, llevando el total a 2.300 toneladas, equivalentes a unos u$s244.000 millones.

El objetivo de Pekín es claro: reducir la dependencia del dólar estadounidense y fortalecer la posición del yuan como moneda de referencia mundial. Esta estrategia se desarrolla incluso en un contexto de precios récord, ya que el oro alcanzó los u$s3.608 por onza troy, lo que refleja el rol del metal como refugio frente a la inestabilidad geopolítica y el riesgo de sanciones internacionales.
El antecedente de Rusia en 2022, cuando la mitad de sus reservas en dólares y euros fueron congeladas, sigue marcando la política monetaria de varios países emergentes. Para China, el desafío es aún mayor: sus reservas totales superan los u$s3,6 billones, por lo que incrementar la proporción de oro -que hoy representa apenas el 7%- requiere compras sostenidas a gran escala.

Los analistas advierten que, para equiparar su peso económico global, Pekín debería elevar sus tenencias a unas 5.000 toneladas en el corto plazo y superar las 8.000 toneladas en las próximas décadas, nivel similar al de Estados Unidos, que conserva más de 8.100 toneladas (el 78% de sus reservas).
El contraste con Polonia ilustra la tendencia internacional: Varsovia acumuló 287 toneladas entre 2023 y 2025, con el objetivo de que el oro represente el 20% de sus activos, en un contexto marcado por la guerra en Ucrania.

China cuenta con una ventaja estratégica: es el mayor productor mundial de oro, con cerca del 8% de la oferta global, y además posee reservas no declaradas en manos de entidades estatales. Estos factores podrían acelerar el camino hacia una mayor independencia del dólar y reforzar el rol del yuan en el comercio internacional.
