Con el objetivo de frenar la suba del dólar oficial y evitar un nuevo impulso inflacionario, el Gobierno implementó una serie de medidas que apuntan a fijar un techo en torno a los $1.300 para la divisa. La estrategia combinó la intervención en el mercado de futuros, un aumento en las tasas de interés y la licitación de títulos de corto plazo.
Durante la jornada del martes, el Banco Central vendió más de U$S 600 millones en contratos de dólar futuro, lo que generó un retroceso en las cotizaciones proyectadas para fines de julio y agosto. A esto se sumó una fuerte suba de tasas, lo que provocó un reacomodamiento en el mercado de deuda en pesos.

En paralelo, el Tesoro lanzó una licitación de Letras Capitalizables (Lecap) de corto plazo para absorber liquidez. Esta medida apuntó a reducir el exceso de pesos en circulación y a contener la demanda de dólares. El efecto inmediato fue una baja en el precio del dólar, que cerró en torno a los $1.280, mientras que los títulos en pesos cayeron con fuerza ante el aumento del rendimiento exigido.

Las señales del equipo económico apuntan a sostener el proceso de desinflación y a evitar movimientos bruscos en el tipo de cambio. El control del dólar oficial sigue siendo considerado un factor clave para evitar un nuevo salto en los precios y preservar cierta estabilidad nominal en medio del ajuste fiscal y monetario.
