El Banco Central de la República Argentina inició el 2026 sin compras de divisas en el estreno del nuevo esquema de bandas cambiarias con actualización mensual por inflación, una decisión que contrastó con las expectativas del mercado y con lo anunciado en el programa económico presentado en diciembre.
Durante la primera jornada hábil del año, la autoridad monetaria no intervino en el mercado cambiario, a pesar de que el nuevo régimen prevé una acumulación gradual de reservas condicionada a la oferta genuina de dólares. De esta manera, comenzó formalmente la denominada Fase de Remonetización 2026 sin operaciones de compra.

Aun así, el BCRA cerró la primera rueda del año con una suba de las reservas internacionales, que crecieron en 1.934 millones de dólares y volvieron a ubicarse por encima de los 43.000 millones. El incremento respondió a movimientos habituales de comienzos de mes, que compensaron parcialmente las pérdidas registradas en las últimas jornadas de diciembre.
El nuevo esquema de bandas de flotación fue diseñado para evitar la apreciación real del límite superior del tipo de cambio y otorgar mayor margen de flotación, con el objetivo de facilitar la acumulación de reservas. Tanto el Fondo Monetario Internacional como bancos de inversión venían reclamando una política cambiaria que permitiera fortalecer las arcas del Banco Central y consolidar la estabilidad macroeconómica.
Según el diseño oficial, la autoridad monetaria podrá realizar compras diarias de divisas con un límite de hasta el 5 por ciento del volumen operado, lo que equivale actualmente a unos 400 millones de dólares, con el objetivo de evitar distorsiones o movimientos abruptos en el mercado cambiario.

En ese marco, el programa económico proyecta un aumento de la base monetaria desde el 4,2 al 4,8 por ciento del Producto Bruto Interno hacia diciembre de 2026, consistente con una acumulación de reservas de hasta 10.000 millones de dólares.
La continuidad del control de los agregados monetarios y el esquema de compras preanunciadas de divisas buscan anclar expectativas, reducir la incertidumbre cambiaria y aportar mayor previsibilidad, un factor clave para estimular la inversión privada y la expansión del crédito.
