El consumo de carne vacuna en Argentina continúa por debajo de los promedios históricos, según confirmaron especialistas del sector ganadero. En el primer semestre de 2025, el consumo promedio fue de 49 kilos por habitante al año, una mejora respecto a los 44 kilos registrados en 2024, pero aún lejos de los 82 kilos que se consumían hace seis décadas.
Este cambio responde principalmente a transformaciones culturales y a la evolución de los precios. Si bien el consumo total de carne aumentó, la preferencia se ha desplazado hacia otras proteínas como el pollo y el cerdo, cuyo consumo anual por habitante creció de 12 a 65 kilos. Esta tendencia se explica por el mayor costo y menor eficiencia productiva de la carne vacuna.

En cuanto a las importaciones, no se registra ingreso de carne vacuna brasileña con hueso al mercado argentino. Sin embargo, es común la importación de cortes de cerdo, como la bondiola, debido a su precio competitivo. Por otro lado, las exportaciones de carne argentina, que habían estado casi paralizadas hasta hace un año y medio, muestran una recuperación progresiva, aunque en ese período países como Brasil y Paraguay ganaron terreno en el mercado regional.
Finalmente, pese a reportes sobre un aumento en las importaciones de carne vacuna, estas representan solo un 0,05% del consumo interno, por lo que su impacto en el mercado local es insignificante.

En resumen, la baja en el consumo de carne vacuna responde a factores estructurales y culturales más que a influencias externas, reflejando una adaptación de los hábitos alimenticios argentinos hacia una mayor diversidad proteica.
