La dinámica de las cuentas públicas comenzó a mostrar con mayor claridad el impacto combinado de dos factores: la aceleración de la inflación, que empuja el gasto indexado, y la profunda caída de la actividad económica, que golpea de lleno la recaudación. El resultado es un escenario que complica el objetivo de superávit fiscal comprometido con el FMI.
En febrero, la administración de Javier Milei registró una caída interanual de los ingresos tributarios cercana al 10% en términos reales, mientras que el gasto primario aumentó 2,8%, impulsado por la actualización automática de jubilaciones y asignaciones sociales según la inflación de diciembre.
Este desfasaje pone en tensión la meta de superávit primario del 2,2% del PBI, uno de los principales compromisos asumidos ante el Fondo Monetario Internacional y eje central del programa económico.

Siete meses en baja
La recaudación acumula siete meses consecutivos de caída real, con un deterioro cada vez más pronunciado. La baja fue de 2,2% en agosto; 8,7% en septiembre; 3,7% en octubre; 8,8% en noviembre; 3,5% en diciembre y 7,9% en enero.
Para febrero, las estimaciones privadas oscilan entre 9,1% y 9,7% de caída real, dependiendo del nivel de inflación considerado (entre 2,1% y 2,8%). Consultoras como EcoGo proyectaron incluso un 3% de inflación para el mes, lo que podría agravar el rojo en términos reales.
El acumulado del primer bimestre muestra un retroceso de 8% en los ingresos, lo que obligaría a profundizar el ajuste sobre las partidas no indexadas para sostener la meta fiscal.
El peso del gasto social
Cerca del 45% del gasto primario está vinculado a jubilaciones y programas sociales, que se actualizan automáticamente por inflación. Esto implica que, mientras los ingresos caen por la recesión, una parte significativa del gasto se ajusta en sentido contrario.
Además, en los próximos meses el gasto social reflejará la inflación de enero (2,9%) y la de febrero, estimada entre 2,7% y 3%, lo que anticipa nuevas presiones sobre las cuentas públicas.
Impuestos en retroceso
En términos reales, casi todos los tributos mostraron caídas interanuales. Se vieron especialmente afectados:
IVA DGI, vinculado al consumo interno.
Impuesto al cheque, ligado a la actividad comercial.
Derechos de exportación y aranceles a las importaciones.
Bienes Personales e impuestos internos.
El único tributo con mejora interanual fue el Impuesto sobre los Combustibles Líquidos y al Dióxido de Carbono (ITC).
También se registró una baja significativa en la recaudación asociada al empleo formal —aportes personales y contribuciones patronales—, en un contexto de menor nivel de actividad y cambios normativos que reducen cargas sobre el salario.
La estrategia oficial
El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció que para continuar con la baja de impuestos “necesitan que aumenten los recursos tributarios”. Sin embargo, planteó que la recuperación no vendría necesariamente por un rebote de la actividad sino por un proceso de formalización impulsado por la denominada Ley de Inocencia Fiscal.
“No es coincidencia que hayamos enviado al mismo tiempo la Reforma Laboral y la Ley de Inocencia Fiscal”, sostuvo el funcionario, al señalar que el objetivo es ampliar la base de aportantes y de ahorros declarados.
