La inflación en mayo se desacelera y podría situarse cerca del 2%, según estimaciones privadas, aunque el panorama económico y político presenta desafíos importantes.
Las principales consultoras coinciden en que la inflación muestra una fuerte reducción, impulsada por la estabilidad del dólar oficial y financiero, la caída en los precios de alimentos y combustibles, y una menor presión en los precios regulados. Además, se observa un estancamiento en el consumo, lo que limita la capacidad de las empresas para aumentar los precios.

Sin embargo, advierten que esta tranquilidad podría ser frágil. Las tensiones cambiarias y el contexto político con las próximas elecciones legislativas generan incertidumbre. Entre los riesgos se destacan el posible desarme de los pasivos remunerados del Banco Central, ajustes fiscales y la falta de acuerdos sólidos con la oposición, factores que podrían afectar las expectativas futuras.
El Gobierno busca consolidar esta tendencia con medidas de control fiscal y reformas estructurales, confiando en que el orden monetario y fiscal sostengan una inflación mensual baja. No obstante, los próximos meses serán clave para evaluar si esta desaceleración puede mantenerse frente a los desafíos políticos y sociales.
