El Gobierno nacional evalúa ampliar la apertura de importaciones de alimentos, bebidas y productos de higiene si detecta aumentos generalizados de precios tras la reciente devaluación del peso, que fue del 14% en las últimas semanas de julio.
La medida sería analizada el lunes 11 de agosto y dependerá del traslado a precios (pass through) de la suba del dólar. En otras palabras, si el salto cambiario impacta de forma significativa en los productos de consumo masivo, la respuesta oficial sería permitir un ingreso mayor de bienes importados.

Batalla en góndolas
Según fuentes oficiales, desde el lunes se desató un fuerte conflicto entre grandes fabricantes y supermercados. Los proveedores están enviando listas con aumentos de hasta el 12%, mientras que las cadenas se resisten a convalidarlos.
Los supermercados argumentan dos razones:
Las ventas están en caída, y más aumentos podrían profundizar la crisis.
El consumidor suele responsabilizarlos a ellos por los precios finales, afectando su imagen.
Ante esta tensión, algunas cadenas incluso amenazaron con no exhibir o quitar productos de góndola si se aplican subas desmedidas.
Objetivo: inflación con “cero” en octubre
El mayor temor del Gobierno es que el aumento del dólar termine impactando en los precios de agosto y septiembre, arruinando el objetivo político de mostrar una inflación mensual por debajo del 1% en el dato que se difundirá el 14 de octubre, días antes de las elecciones legislativas.
Ese informe, correspondiente al IPC de septiembre, es considerado clave por el oficialismo. Una cifra baja reforzaría la estrategia electoral de Javier Milei, quien busca mostrar que logró controlar la inflación sin recurrir a controles de precios.

Aumentos selectivos y riesgo político
Los analistas coinciden en que el impacto de la devaluación será selectivo, dado el débil desempeño del consumo. Productos como aceites, carnes, lácteos y artículos importados (como café o limpieza) muestran las primeras señales de ajuste.
La inflación de julio sería cercana al 1,5%, pero el riesgo está en que el efecto de la suba del dólar se traslade a septiembre, cuando el oficialismo espera lograr un “IPC con cero”. Incluso sin un pass through pleno, una devaluación de dos dígitos puede agregar un punto porcentual al índice.
Importaciones como herramienta de presión
Si los aumentos se generalizan, el Gobierno no descarta recurrir a una estrategia ya conocida: liberar más importaciones como forma de disciplinar a los productores. Esta posibilidad ya se barajó en marzo de 2024, cuando se permitió el ingreso de fideos italianos, embutidos europeos y cervezas extranjeras.
Aunque en ese momento el consumo no respondió y parte de los productos quedó en stock, ahora la amenaza de repetir esa medida busca frenar anticipadamente nuevas remarcaciones.
Desde el Ministerio de Economía insisten en que una mejora del tipo de cambio no debería traducirse automáticamente en inflación, como ocurre en países vecinos. El desafío, reconocen, es romper con la lógica especulativa tradicional del mercado argentino.
