ECONOMÍA Y POLÍTICA EXTERIOR

Por qué el FMI incide tanto en la economía argentina

La relación histórica del país con el organismo lo convirtió en el mayor deudor del FMI, lo que le otorga al organismo el poder de auditar las variables clave de la economía nacional. La meta de superávit fiscal, el nivel de reservas del Banco Central y la emisión monetaria quedan atados a cada revisión trimestral.

La fuerte influencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) en la vida cotidiana de los argentinos no es una casualidad, sino el resultado de décadas de asistencia financiera continuada. La Argentina es actualmente el principal país deudor del organismo multilateral, tras el crédito récord de u$s 57.000 millones otorgado en 2018 (del cual se desembolsaron unos u$s 44.000 millones) y la posterior reestructuración bajo un Programa de Facilidades Extendidas.

Al no contar con acceso fluido a los mercados internacionales de crédito para refinanciar sus vencimientos, el Estado depende de los desembolsos que el propio FMI envía tras cada auditoría técnica. Ese mecanismo de revisión le da al organismo una capacidad de injerencia directa sobre el rumbo de la política económica del gobierno de turno.

 

Los factores principales que explican esta incidencia directa comprenden:

Auditorías trimestrales y condicionamientos: Para liberar los fondos con los que la Argentina paga los propios vencimientos de la deuda, el FMI evalúa cada tres meses el cumplimiento de metas estrictas sobre el déficit fiscal, la acumulación de reservas netas y los límites a la emisión monetaria.

Señal para los mercados e inversiones: El aval del FMI actúa como un "sello de calidad". Si el organismo aprueba las revisiones, disminuye el riesgo país y se abren puertas para inversiones privadas (como en el sector energético de Vaca Muerta o minería) y créditos de otros entes como el Banco Mundial o el BID.

Impacto en tarifas y gasto público: Para alcanzar las metas de ordenamiento fiscal exigidas en los acuerdos, los gobiernos suelen aplicar la reducción de subsidios a la energía y el transporte, lo que se traslada directamente al bolsillo de la gente mediante aumentos en los servicios públicos.

Política cambiaria y tasas: Las recomendaciones del Fondo condicionan la brecha del dólar, la velocidad de las microdevaluaciones (crawling peg) y el nivel de las tasas de interés que fijan los bancos para los plazos fijos y los créditos.

En definitiva, la injerencia del FMI en la Argentina es el reflejo de una dependencia financiera: mientras el país no logre sostener un superávit primario y acumular sus propias divisas para cancelar el programa o volver a financiarse en el mercado voluntario, la hoja de ruta económica del país seguirá negociándose en las mesas de discusión con Washington.