El anuncio del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, abrió un debate clave: ¿qué instrumento es más conveniente para la economía argentina en este momento crítico? Las opciones en la mesa incluyen un crédito stand by, un swap de monedas por u$s 20.000 millones y la compra de bonos en el mercado primario o secundario.

Aunque el stand by suele ser la herramienta tradicional, su aplicación implicaría pasar por el Congreso y asumir un costo político significativo tanto para Argentina como para Estados Unidos. Además, una eventual compra de bonos enfrenta el desafío del riesgo país, ya que se emitiría deuda a tasas mucho más altas que las de referencia norteamericana.
En contraste, el swap aparece como el mecanismo más ágil y menos oneroso. Según economistas, este instrumento puede estar aprobado sin necesidad de ser utilizado, funciona como garantía para los vencimientos de deuda de enero y julio, y no requiere aprobación legislativa. “El swap sería lo menos nocivo y sirve como respaldo del pago de deuda en el corto plazo”, afirmó el exsecretario de Finanzas Eduardo Setti, aunque advirtió que no resuelve los problemas estructurales del esquema cambiario.
El anuncio también tuvo un efecto inmediato en los mercados: la sola expectativa de un swap permitió bajar la volatilidad cambiaria y alinear expectativas. Incluso se estima que esta ventana podría usarse para acumular reservas en el Banco Central.

No obstante, las críticas políticas no tardaron en llegar. Desde el ala progresista de EE.UU., el senador Bernie Sanders cuestionó duramente la posibilidad de destinar fondos al país: “¿De alguna manera tenemos 20 mil millones de dólares para rescatar al régimen de derecha de Argentina? No podemos permitir que eso suceda”.
Mientras tanto, la pulseada sigue abierta. Para el Gobierno de Javier Milei, cada definición que llegue desde Washington puede ser determinante en su estrategia de estabilización, y marcará si la ayuda será vía stand by o un swap que ofrezca oxígeno sin tantas condiciones explícitas.
