El secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, confirmó que su país negocia con el Banco Central de la República Argentina (BCRA) una línea swap de hasta 20.000 millones de dólares. El anuncio, que había sido anticipado por el ministro de Economía Luis Caputo, buscó dar aire al mercado tras la presión cambiaria y las dudas sobre la capacidad del país de cumplir con los vencimientos de deuda en 2026.

Sin embargo, el acuerdo todavía genera más preguntas que certezas. Expertos remarcan que falta conocer la “letra chica”: si los fondos serán de libre disponibilidad —como un préstamo directo del FMI— o si, como en el caso del swap con China, deberán activarse por tramos, limitando su liquidez inmediata.
En paralelo, surge un interrogante clave: ¿el nuevo swap exigirá como condición la cancelación del acuerdo con Beijing? En su visita a la Argentina, el propio Bessent había señalado que el país debía devolver los 5.000 millones de dólares activados en yuanes durante 2023 bajo el swap chino, que vence a mediados de 2026.

Según el economista Federico Machado, si el swap con Estados Unidos funciona como el de China, será un instrumento de carácter contingente, útil para respaldar reservas pero con acceso limitado. En cambio, si se habilita la disponibilidad total, podría utilizarse para pagos de deuda, refinanciación de vencimientos o incluso para dar estabilidad al mercado cambiario.
Por su parte, Sebastián Menescaldi, de Eco Go, advirtió que el swap podría tener múltiples destinos según la negociación final: desde comprar deuda propia hasta servir de puente financiero para enero, lo que ampliaría su alcance más allá del comercio exterior.
La coexistencia de swaps con China y Estados Unidos refleja también la puja geopolítica en torno a la Argentina. Aunque técnicamente ambos podrían convivir, la debilidad del peso argentino convierte estos acuerdos en un mecanismo asimétrico, más parecido a un préstamo unilateral que a un intercambio equilibrado.
Mientras tanto, el BCRA señaló que el swap con China seguirá plenamente disponible hasta mediados de 2026, permitiendo sostener la transición hacia un esquema monetario más consistente. El foco ahora está puesto en si el swap estadounidense se cerrará pronto y bajo qué condiciones, dado que el Gobierno necesita reforzar reservas para afrontar un escenario internacional desafiante.
