El gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, avanza con una ambiciosa estrategia para incrementar la producción de soja y su molienda en los próximos años. La medida busca abastecer la creciente demanda interna de aceite de soja para la industria de biocombustibles y, al mismo tiempo, abrir nuevos destinos para la harina de soja norteamericana, un negocio en el que Argentina es líder mundial.

Actualmente, el país sudamericano exporta 27,7 millones de toneladas de harina de soja por un valor de u$s2.562 millones, lo que representa el 14,2% de las exportaciones totales. Sin embargo, el plan de Washington amenaza con recortar ese protagonismo.
Según la Agencia de Protección Ambiental (EPA), el objetivo es elevar el corte de biocombustibles en combustibles tradicionales y reducir en un 50% los beneficios fiscales (RIN) para productores que importen aceite desde el exterior. Esta medida encendió las alarmas en el complejo oleaginoso argentino, que el año pasado abasteció el 50% del mercado estadounidense de aceite de soja sostenible, con 110.000 toneladas métricas y un comercio de u$s107 millones.

En un documento conjunto, la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC) advirtieron que la disposición “crea una barrera no arancelaria que distorsiona la competencia y contraviene las reglas de la OMC”, solicitando a la EPA que mantenga el valor completo de los RIN para todas las materias primas que cumplan con criterios de sostenibilidad, sin importar su origen.
Para el analista Dante Romano, el aumento de subsidios al biodiésel está impulsando la expansión de plantas de molienda en EE.UU., lo que generará un excedente de harina de soja destinado a la exportación. “Esa oferta adicional presiona a la baja los precios internacionales”, advirtió.
En la misma línea, el consultor Javier Preciado explicó que, por cada tonelada de soja molida, se obtienen 200 kilos de aceite y 700 kilos de harina, por lo que un incremento en la molienda local obligará a EE.UU. a vender más harina al exterior, compitiendo directamente con Argentina.

El presidente de CIARA, Gustavo Idígoras, confirmó que la competencia “ya es una realidad” y señaló que la industria estadounidense, altamente subsidiada, ya tiene acuerdos con la Unión Europea, Indonesia y Japón para colocar su producto.
Mientras tanto, Trump también busca incrementar las exportaciones de soja a China, el principal destino de los porotos argentinos. En redes sociales, el mandatario sugirió que el país asiático podría “cuadruplicar” sus compras, aunque especialistas como Romano relativizaron el impacto y señalaron que semejante incremento es poco probable sin afectar el abastecimiento interno norteamericano.
Aunque el mercado global de harinas y aceites se mantiene estable, en el sector agroindustrial argentino advierten que, si el plan estadounidense se consolida, el país podría enfrentar una pérdida de competitividad y una presión a la baja sobre los precios de uno de sus principales productos de exportación.
