El Indec reveló en los últimos días que la actividad y el empleo crecieron, pero la desocupación también dio un leve salto en Mendoza. Sin embargo, la provincia mantiene un desempeño más estable que otros grandes conglomerados del país.
En este sentido, el segundo trimestre de 2025 dejó un panorama laboral con claroscuros. Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) difundida por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), más mendocinos salieron a buscar trabajo: la tasa de actividad subió a 50,8%, frente al 49,5% del año anterior.
Paralelamente, la tasa de empleo avanzó levemente de 46,5% a 47,6%, mostrando que la economía provincial mantiene cierta capacidad para generar y sostener puestos de trabajo.
No obstante, la desocupación también se incrementó de 6,1% a 6,4%, reflejando las dificultades que enfrentan algunos sectores en un contexto económico complejo. A pesar de esto, Mendoza sigue mostrando niveles de desempleo más bajos que otros grandes centros urbanos como Buenos Aires, Córdoba o Rosario.

Los sectores que impulsan la recuperación incluyen los servicios, la economía del conocimiento, la industria de videojuegos y el comercio, principalmente hipermercados y supermercados. Sin embargo, la informalidad y la temporalidad, especialmente en la cosecha y la industria conservera, siguen condicionando el mercado laboral.
La situación también revela brechas importantes: las mujeres continúan siendo las más afectadas, tanto por la falta de empleo formal de jornada completa como por la carga de tareas de cuidado. Los jóvenes encuentran barreras para acceder a su primer trabajo formal, mientras que muchos profesionales buscan un segundo empleo para compensar la pérdida de poder adquisitivo.
Según expertos, la estabilidad observada se debe a la combinación del sector privado activo y programas de empleo estatal, que ayudaron a evitar el desborde del desempleo que se vio en otros distritos durante 2024.
De cara al futuro, el desempeño del mercado laboral dependerá de la estabilidad macroeconómica y del impacto que pueda tener el proceso electoral en la inversión y el consumo, factores que podrían marcar la tendencia en los próximos trimestres.


