“No soy un tipo duro, soy un actor. Es divertido interpretar ciertos papeles, pero hay que saber distinguir entre el actor y el hombre”, dice Robert De Niro, sereno, casi como si no hubiese sido Travis Bickle, Vito Corleone o Max Cady. Como si no fuese él quien redefinió lo que significa encarnar a personajes oscuros con humanidad. Como si no fuera una leyenda viva.

A los 81 años, De Niro no baja el ritmo. Protagoniza la serie política Zero Day en Netflix, donde interpreta a un expresidente apodado —cómo no— “Leyenda”, y la película The Alto Knights, de Barry Levinson, donde se pone en la piel de dos mafiosos históricos: Frank Costello y Vito Genovese. Mientras tanto, cría a Gia, su hija de apenas dos años, fruto de su relación con Tiffany Chen.
Nueva York, su reflejo
La entrevista transcurre en el piso 14 del Hotel Bowery, en Manhattan, justo al lado de Little Italy, el barrio que lo vio crecer. “Pasé mucho tiempo en este barrio. Me identificaba con los italianos. Aunque estuve solo tres o cuatro años, lo recuerdo con fuerza”, cuenta mientras mira por la ventana. La nostalgia está, pero no lo domina: “Hay muchas cosas por las que sentir nostalgia, pero hay que evitar que te impida vivir el presente”.
Esa mirada se siente también en The Alto Knights, rodada cerca de su antiguo barrio y basada en una historia real de lealtades y traiciones en la mafia. De Niro interpreta ambos roles principales con la ayuda de un doble de cuerpo, un desafío técnico y actoral que aceptó porque su agente e Irwin Winkler —productor de Toro Salvaje y El irlandés— lo impulsaron: “Joe Pesci habría estado estupendo en uno de los papeles. Ese fue el reto para mí: entrar en esa energía”.
En Zero Day, su personaje no es exactamente el héroe: hay una escena que muestra hasta dónde está dispuesto a llegar. “Ese es uno de los lados oscuros. No quiero decir que esté justificado, solo que él cree que es su deber”, explica. Y sobre si hay diferencia entre interpretar a héroes o villanos, De Niro sugiere una verdad incómoda: “Hasta los peores creen que están haciendo lo correcto. William Hale (Los asesinos de la luna) pensaba que los Osage lo amaban, incluso después de haberlos traicionado”.
Con más de medio siglo de carrera, De Niro también habla sobre cómo cambió su relación con la actuación: “Siempre he querido repasar todas mis películas, una por una, y ver hacia dónde podría ir desde ahí. Pero no sé si tendré tiempo”.

El hombre detrás de la leyenda
Aunque lleva décadas interpretando mafiosos, políticos y figuras complejas, insiste: “No soy un tipo duro, soy un actor”. Y como hombre, hoy el centro de su mundo es Gia, su hija pequeña. Saca una foto de ella junto a una piscina y se le ilumina la cara: “Traer un nuevo ser humano a este mundo convulso es algo valiente. Pero claro que tengo esperanza. ¡Es pura alegría!”.
Ni el tiempo, ni los personajes, ni los premios —incluidos dos Oscar— han alejado a Robert De Niro de su esencia: un actor curioso, sensible y lleno de matices. En otras palabras, alguien que entiende que actuar no es ser otro, sino saber mirar el mundo desde todos los ángulos posibles.



