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HISTORIA

Drácula: tres versiones inolvidables que marcaron el cine

Desde el expresionismo alemán hasta el romanticismo gótico, estas películas redefinieron al vampiro más famoso.

Drácula: tres versiones inolvidables que marcaron el cine

La figura del vampiro, y en especial la del conde Drácula, ha sido una constante fuente de fascinación para el cine. Desde la publicación de la novela gótica y epistolar de Bram Stoker en 1897, numerosas adaptaciones han llevado la historia a la pantalla grande, cada una con su propio enfoque y estilo. Aquí repasamos tres de las más destacadas, que han dejado una marca indeleble en la historia del séptimo arte.

Drácula de Coppola
Drácula de Coppola

Nosferatu (1922) - Dir. F.W. Murnau

Considerada la primera adaptación cinematográfica de Drácula, Nosferatu es una obra maestra del expresionismo alemán. El film de Murnau debió cambiar los nombres de los personajes para evitar pagar derechos de autor, pero eso no impidió que capturara la esencia de la novela de Stoker.

Con un vampiro de apariencia monstruosa, interpretado por Max Schreck, esta película muda logró transmitir el horror a través de contrastes visuales y una atmósfera inquietante. Además, sobrevivió a un intento de destrucción por parte de la viuda de Stoker, quien demandó a los productores por plagio.

Drácula de Bram Stoker (1992) - Dir. Francis Ford Coppola

Coppola apostó por una adaptación fiel a la novela, destacando el lado romántico y trágico del personaje. Gary Oldman interpreta a un vampiro dividido entre su amor eterno y su naturaleza bestial, mientras que Winona Ryder, Keanu Reeves y Anthony Hopkins completan un elenco estelar.

La película combina gótico, terror y erotismo, explorando temas como la dualidad humano/bestia, la lucha entre la ciencia y el ocultismo, y la sexualidad como motor narrativo. Con su impecable dirección artística, Coppola entregó una obra visualmente impactante y emocionalmente compleja.

Nosferatu, el vampiro (1979) - Dir. Werner Herzog

Herzog revisita el clásico de Murnau, situando la acción en Alemania y dotando al film de un enfoque moderno. Klaus Kinski encarna al vampiro con una intensidad perturbadora, destacando tanto su lado animal como su humanidad perdida.

El director utiliza el contexto histórico y social para darle profundidad a la historia, incorporando elementos como la peste que azota la ciudad de Wismar, representada simbólicamente por una invasión de ratas. Este enfoque convierte al film en una reflexión sobre la decadencia europea y el impacto de las plagas.

Estas tres adaptaciones son un reflejo de cómo el cine ha sabido reinterpretar la figura del vampiro a lo largo de las décadas. Desde el expresionismo de Murnau hasta la estética gótica de Coppola y la visión social de Herzog, cada versión aporta una perspectiva única al mito del conde Drácula, demostrando que este personaje sigue vigente en la cultura popular.

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