El 1 de enero de 1818, una joven de apenas 20 años revolucionó la literatura con una novela que combinaba el horror gótico con ideas que sentaron las bases de la ciencia ficción moderna. Frankenstein o el moderno Prometeo, escrito por Mary Shelley, no solo planteó preguntas profundas sobre la creación y la moralidad, sino que también inauguró un género literario que sigue evolucionando hasta hoy.

El germen de Frankenstein surgió durante el verano de 1816, cuando Mary Shelley, junto a Percy Shelley, Lord Byron y John Polidori, se refugió en la Villa Diodati en Suiza. En este contexto de encierro causado por el fenómeno climático del “año sin verano”, Byron retó al grupo a escribir una historia de terror. Mary, inspirada por conversaciones científicas y una pesadilla inquietante, concibió la historia de un estudiante que desafía a las leyes de la vida misma.

Mary Shelley combinó los descubrimientos científicos de su época, como los experimentos galvánicos de Luigi Galvani y las teorías evolutivas de Erasmus Darwin, con profundas inquietudes filosóficas. La obra plantea preguntas éticas que siguen resonando: ¿Hasta dónde debería llegar la humanidad en su afán por emular al creador?
Aunque considerada una obra de terror gótico, Frankenstein es mucho más que eso. Con su subtítulo, El moderno Prometeo, Mary Shelley evoca el mito del titán que desafió a los dioses, reflejando la búsqueda de conocimiento y los riesgos de jugar con las fuerzas de la naturaleza. El castigo en la novela no proviene de los dioses, sino de la propia creación del hombre.
Shelley revisó y publicó diferentes versiones de Frankenstein. La primera edición, de 1818, mostraba una narrativa cruda y directa. La edición de 1831, en cambio, es más reflexiva, fruto de las experiencias personales de la autora y de su madurez literaria. Ambas versiones han sido objeto de análisis profundo por parte de críticos y académicos.
Aunque Frankenstein fue escrito por Mary Shelley, Percy Shelley, su esposo, tuvo un rol editorial clave en la primera edición. Este hecho generó debates sobre la autoría y el grado de influencia de Percy en el texto. Sin embargo, la imaginación y profundidad filosófica que definen la obra son indiscutiblemente de Mary.

Desde su publicación, Frankenstein ha inspirado incontables adaptaciones en cine, teatro y literatura. La criatura sin nombre se convirtió en un ícono cultural, y los dilemas éticos de la novela son cada vez más relevantes en un mundo donde la biotecnología y la inteligencia artificial abren nuevas fronteras.

Además de Frankenstein, Mary Shelley dejó un legado literario que incluye obras como El último hombre en la Tierra, otra novela de ciencia ficción que explora la soledad y la supervivencia humana. Como mujer y escritora en una época dominada por hombres, Shelley rompió barreras, demostrando que las grandes preguntas de la humanidad no tienen género.



