El 78º Festival de Cannes arrancó este martes con una gala potente, atravesada por discursos políticos, homenajes y una gran figura en el centro: Robert De Niro, quien recibió la Palma de Oro Honorífica de manos de su discípulo y amigo, Leonardo DiCaprio. La ceremonia inaugural, breve y rigurosamente televisada, se proyectó en más de 380 cines de toda Francia y dejó en claro que este año el arte y la política no irán por carriles separados.

El actor de Taxi Driver y Toro salvaje subió al escenario con gesto adusto, pero terminó su discurso con la energía que lo caracteriza. “El arte que busca la verdad, que abraza la inclusividad, es una amenaza para los autócratas y fascistas de todo el mundo”, declaró De Niro. Apuntó directamente contra Donald Trump, a quien definió como “el presidente filisteo estadounidense”, criticó sus recortes a la cultura y su nuevo plan de aranceles al cine extranjero. “La originalidad del arte no tiene precio, pero al parecer se le puede gravar con impuestos”, ironizó. Y concluyó: “En estos 11 días rendiremos homenaje a la libertad, la igualdad y la fraternidad”.
DiCaprio, quien lo dirigió en Vida de este chico, fue el encargado de presentarlo: “Habla poco, pero cuando lo hace, lo que dice importa”. Otro de los nombres destacados fue el de Quentin Tarantino, quien gritó “¡Viva el cine!” para inaugurar oficialmente el festival. La presidenta del jurado, Juliette Binoche, también usó su discurso para denunciar el estado del mundo: “Los demonios de las barbaridades no nos dejan salida. Debemos crear dulzura ante la tormenta”.
Además, la ceremonia rindió tributo a tres figuras fallecidas: la actriz belga Émilie Dequenne, el director David Lynch y la fotoperiodista palestina Fatma Hassouna. Y mientras se debatía sobre los cambios en el protocolo de vestimenta, la política volvió a entrar en escena: Jeremy Strong y Halle Berry, miembros del jurado, respaldaron con gestos las críticas a Trump. La actriz francesa también fue consultada por la condena a Gérard Depardieu por agresión sexual, e hizo un llamado a reflexionar sobre las figuras “sagradas” que construye la sociedad: “Una estrella de cine es un hombre, un rey es un hombre”.
Cannes 2025 abrió así, entre estrellas, memoria, arte inmersivo y política urgente. Un recordatorio de que el cine, en su esencia, sigue siendo un espejo del mundo y un arma poderosa para transformarlo.



