Por: Paíto Figueroa especial para Diario Mendoza
En el año 1999 salió el disco ”Ricardo Montaner con la London Metropolitan Orchestra”. Recopilación de los más grandes éxitos del cantautor argentino, nacionalizado venezolano, más una canción magnífica, “El poder de tu amor” que compusiera junto al productor del disco Bebu Silvetti. También argentino de nacimiento, y ciudadano del mundo.
Como tantas recopilaciones, ésta tiene el encanto de pasearnos por lo más representativo de un artista, aunque con algunos extras...
En los arreglos y la producción se encuentra uno de los más personales y, a mi entender, uno de los músicos que han hecho del género de la balada latina una marca registrada en el mundo entero, con una estética de audio muy especial, con cuerdas que emocionan, sin importar la cantidad de veces que las escuchemos. Además de entregarnos versiones de Montaner inolvidables, por su carácter y su calidez.
De esta forma pasa “Tan enamorados”, con una introducción al tema y al disco que ya empieza a mostrar su condición de obra de arte infalible a la hora tocar los corazones y las almas. (Y creo que Bebu Silvetti tiene mucho que ver en ese color de atardecer profundo)
“Ojos negros” llega a mover la imaginación en una historia, como una película, como una pieza de arte visual, donde puedo ver cada detalle, coloreado por la orquesta de cuerdas, de manera que hace más brillantes los colores, con la participación de Ed Calle en saxo soprano. Como en general, los músicos que fueron convocados para la grabación de este disco, provienen de raíces latinas, lo cual otorga un calor especial a las interpretaciones.
Con la canción “El poder de tu amor” pasa algo maravilloso. Creo que tiene que ver con la visión que ambos, artista y productor, tienen de la conexión de la música con el amor, con los amores de sus vidas, con la pasión, con lo trascendental de la vida. Y dejo para el final una breve historia...
Para avanzar por la misma ruta del “dejarse llevar”, aparecen temas difíciles de olvidar por su popularidad y por su universalidad, como “La cima del cielo”, “Me va a extrañar”, “En el último lugar del mundo” o ”Será”, tan bien comprendidas como escuchadas. Por lo que se entiende que varios de los tracks del disco se mantuvieran en los primeros puestos de los rankings latinos de toda América, durante un largo tiempo, en respuesta del público a la gran producción presentada por la discográfica Warner Music.
La precisión de las interpretaciones por parte Ricardo Montaner, su afinación, y la exactitud de la postura de su expresión vocal es algo que, más allá de cualquier opinión sobre el gusto de quien lo escucha, de manera innegable debemos reconocer. Hace lo que quiere con la voz para llevar la canción hacia donde él quiere, a mostrarnos un poco de romance, del romance etéreo, del romance soñado, del romance eterno.
Así llegan “Sólo con un beso”, “Al final del arcoíris”, “Castillo azul” y “Déjame llorar”. Que con la participación de músicos del porte de Manny López, Tony Concepción, o Julio Hernández, dejan reconocer la infinita calidad de la obra, con un resultado final muy apreciado por la audiencia de fines del siglo pasado, y con una actualidad llena de nostalgia y de recuerdos vagos, de un pasado reciente pero muy movilizador.
Para concluir con la reseña, y con la convicción que da el saber de primera boca, es mi deseo compartir una pequeña gran historia de amor.
En la juventud de Bebu, el acercamiento hacia una joven, Sylvia, pudo con todo su mundo, y a partir de ese instante el amor tomó un camino tan seguro como sinuoso, pero sin dudas un gran amor para toda la vida. Esa vida llena de música, en que se acompañaron, se rieron, trabajaron juntos en muchos proyectos, se encargaron de dejar claro al mundo que ese amor era insuperable, inviolable, interminable. Con la misma sensación que dejan las canciones que este gran músico ha vestido a lo largo de su vida.
Y escuchando por ahí que “de amor nadie se muere”, viene a mi recuerdo la noticia de la muerte de Bebu en 2003, sabiendo que su salud no había dado noticias alarmantes en los últimos tiempos, y que lo único que podría haber enfrentado al universo contra Bebu era la muerte de Sylvia. Sólo se me ocurre pensar que “de amor si se puede morir”. Y en la más profunda de las penas, de las que sólo el amor puede provocar...
Ojos cerrados. Una compañía agradable. De recuerdos, en copa, o de la mano, pero en silencio, para remontarnos a la cima del cielo. Feliz escucha.!
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