Historias de por acá

El barrio de Mendoza que nació con un naufragio en el Río de la Plata

Es uno de los barrios más pintorescos de la ciudad de Mendoza y también uno de los más queridos. Tiene una historia muy particular, especialmente por quienes fueron sus primeros habitantes.

Hay que irse lejos para entender esta historia. Irse a otro tiempo y a un lugar. Hay que regresar al atardecer del 18 de Marzo de 1940 cuando, en el andén de la estación de la ciudad de Mendoza, bajó del tren que venía de Buenos Aires un grupo de ciento veinte hombres, la mayoría robustos, jóvenes y rubios. Eran un pequeño grupo, de un total de 1.055 hombres, sobrevivientes del acorazado alemán Admiral Graf Spee. Los demás fueron repartidos por el Poder Ejecutivo Nacional en Córdoba, Rosario, Santa Fe, también en Sierra de la Ventana y en la Isla Marín García. El Graf Spee había sido enviado al Atlántico Sur en las semanas previas al estallido de la Segunda Guerra Mundial para poder interceptar las líneas de los buques mercantes cuando estallara el conflicto. A partir de septiembre de 1939 y en dos meses y medio, el corsario alemán hundió nueve barcos.

Los cañones del Admiral 

El 13 de diciembre del 39 tres cruceros británicos lo encerraron en la desembocadura del Río de La Plata. El Graf Spee le causó graves daños a las naves enemigas, pero también sufrió serias averías que lo obligaron a ir al puerto de Montevideo. El comandante Hans Langsdorff, capitán del crucero, enterró a sus muertos en la playa uruguaya y fue el único que hizo la venia marcial y no el saludo nazi. Después, ordenó hundir el Graf Spee, para que no cayera en manos enemigas. Fue el 17 de diciembre.

El Hundimiento del Graf Spee

Parte de la tripulación quedó en Montevideo y otra en Buenos Aires. En la mañana del 20 de diciembre, recluido en una habitación de la jefatura de los talleres navales de la dársena norte del puerto de Buenos Aires, el comandante Langsdorff les escribió algunas cartas a sus familiares y otra al embajador alemán en la Argentina: “Excelencia: Después de haber luchado largo tiempo, he tomado la grave decisión de hundir el acorazado Admiral Graf Spee, a fin de que no caiga en manos del enemigo.(…) Desde un principio he aceptado sufrir las consecuencias que implicaba mi resolución. Para un comandante que tiene sentido del honor, se sobreentiende que su suerte personal no puede separarse de la de su navío… Solo puedo probar con mi muerte que los marinos del Tercer Reich están dispuestos a sacrificar su vida por el honor de su bandera. Soy feliz al pagar con mi vida cualquier reproche que pudiera formularse contra el honor de nuestra Marina. (…) Dirijo esta carta a Vuestra Excelencia en la calma de la tarde, después de haber reflexionado tranquilamente, para que usted pueda informar a mis superiores (…) y, si es necesario, desmentir los rumores públicos. Capitán de navío Langsdorff Comandante del acorazado Admiral Graf Spee”. Después, se envolvió en el pabellón de combate del Graf Spee, se tendió en su camastro y se pegó un tiro en la sien. 

Hans Langsdorff, - El Comandate del Graf Spee

La llegada del tren a Mendoza el 18 de Marzo de 1940 tuvo una relación directa con el Graf Spee. Los 102 alemanes eran parte de su tripulación y venían a radicarse a la provincia y, específicamente, a ser de los primeros pobladores de un barrio innovador: el barrio Cano. En 1935 los arquitectos Manuel y Arturo Civit habían presentado el proyecto de “Casas Colectivas” en el primer Congreso Argentino de Urbanismo. En 1937 el gobernador Guillermo Cano puso la piedra fundacional. Estaba pensado para obreros y empleados del Estado, pero iba a terminar siendo un fiasco.

Barro Cano en su entrega  en los años 40

Los catorce bloques de tres niveles construidos en manzanas rectangulares, un total de 576 departamentos, no tentaron mucho a los mendocinos. Sin patio, sin fondo y en vertical, esa posibilidad de vivienda propia no era la que tenían como ideal. Esto hizo que en marzo del 40 todavía el barrio Cano estuviera casi deshabitado. Los 102 marinos del Admiral Graf Spee, como estrategia para incentivar la ocupación del barrio, fueron ubicados en el pabellón o manzana “G” de esas casas colectivas.

Esa tarde soleada de marzo del 40 se los pudo ver asomados en los balcones vidriados, en las puertas de las casas, caminando por las veredas, hablando entre ellos, todavía desconfiados y desorientados, imaginando cómo serían sus vidas de ahí en adelante. Después, al poco tiempo, comenzaron a hacer un campito de deportes y después una cancha de futbol. Se los veía vestidos con sus ropas blancas de marineros, corriendo tras la pelota y con bastante habilidad y pasión, entablar largas contiendas futboleras que concluían cuando caía el sol. A ese lugar se lo terminó llamando la “canchita de los alemanes”.

El Barrio Cano hoy 

Fue el comienzo de la vida. Fue la semilla de lo que sería un barrio activo, bien organizado, solidario, donde se fueron afincando otros vecinos. Buen lugar es el Barrio Cano. Lleno de historias. Desde algún lado seguro que el capitán Langsdorff lo mira con afecto.